Hebûn – Zanebûn – Xwebûn – Corriendo sobre ruedas de hámster, menús peligrosos y la integración democrática en la era de la Tercera Guerra Mundial

Lena Wilderbach

Entre la guerra y la vida cotidiana, la ideología y la intimidad, se va dibujando un panorama complejo de nuestro presente… un mundo en el que la existencia no es algo dado, sino que hay que defenderla una y otra vez. La guerra de nuestro tiempo es también una guerra en torno a la pregunta: ¿cómo vivir? Partiendo de los conceptos de Hebûn (ser/existencia), Zanebûn (conocimiento) y Xwebûn (llegar a ser una misma), este ensayo emprende un recorrido por los frentes visibles e invisibles de una Tercera Guerra Mundial que hace tiempo que dejó de librarse únicamente en términos militares, políticos y económicos. Entre las ruedas de hámster, las recomendaciones geopolíticas y la «muerte de la hermandad de los pueblos», la atención se centra en la búsqueda inexorable de una vida comunitaria libre y en el CÓMO de nuestra existencia. Se trata del sentido, el amor, la organización y de cómo podemos concebir y construir juntas una vida libre.

I. HEBÛN significa Ser, Existencia

Hay momentos en los que la mera existencia, la vida pura, se ve amenazada. En tiempos de guerra, lo sentimos con mayor intensidad. La guerra significa amenaza, miedo, devastación, negación, violación, muerte, la destrucción de los cimientos de la vida. En la fase actual de la modernidad capitalista, que definimos como la Tercera Guerra Mundial, la guerra no solo se manifiesta en episodios de hostilidades militares abiertas, sino que es omnipresente. Impregna la política, la economía, las instituciones, las tecnologías, los medios digitales e incluso las personalidades, las relaciones, los pensamientos y los sentimientos. A veces es abiertamente visible, sangrienta y asesina; otras veces es más sutil, insidiosa, infiltrándose para socavar el tejido mismo de la vida, el pensamiento libre, la cohesión social y la integridad de los cuerpos y de la tierra.

Lo que el lema «El capitalismo es guerra» resume en pocas palabras es algo que podemos ver claramente en estos tiempos. El poder destructivo de la modernidad capitalista se refleja en las crisis sistémicas y los estados de emergencia en los que se ven atrapadas las personas y las sociedades. Vemos que muchas personas están continuamente preocupadas por hacer frente a las crisis y corriendo en una rueda de hámster, temiendo por su propia existencia y su futuro. La perpetuación de las crisis existenciales no es casual, sino parte del sistema. Lleva a que las personas, los movimientos y las sociedades se cansen y pierdan la esperanza, y sean incapaces de reunir una fuerza colectiva contra el sistema. En la mayoría de los casos, quienes luchan a diario por la supervivencia y el reconocimiento de su propia existencia, inicialmente dejarán en un segundo plano las cuestiones sobre la forma de esa existencia, ya sea política, social o filosófica.

En sus reflexiones para el XII Congreso del PKK, Abdullah Öcalan escribe: «Me gustaría comenzar con el tema de la “conciencia de la existencia y la percepción que tienen los kurdos de su propia existencia”. Por supuesto, estaban las conocidas preguntas: “¿Existen los kurdos o no? Si es así, ¿hasta qué punto han sido capaces de tomar conciencia de su existencia? Y, sobre todo: ¿hasta qué punto están entrelazadas la existencia y la libertad, y cómo se condicionan mutuamente?”»

¿Quiénes somos? ¿Hasta qué punto nuestra existencia está ligada a la libertad? Debemos plantearnos estas preguntas no solo como kurdas, sino como personas y sociedades de todo el mundo. ¿Qué significa para nosotras vivir en estos tiempos de la Tercera Guerra Mundial y defender nuestra existencia?

En última instancia, la lucha por la existencia no es solo física, sino que está profundamente ligada a la cuestión del CÓMO de la existencia. ¿Cómo queremos vivir? ¿Qué formas de existencia nos impone el sistema de la modernidad capitalista? Y, sobre todo: ¿cómo nos podemos liberar de ello y crear colectivamente alternativas para una vida libre?

La muerte de la hermandad y el CÓMO de la existencia

En Kurdistán, Oriente Medio y mucho más allá, paralelamente a las intervenciones militares se está librando una encarnizada guerra ideológica. En relación con los acontecimientos de Rojava y Siria, en las últimas semanas han circulado por las redes sociales imágenes y declaraciones proclamando: «¡El paradigma ha fracasado!», «¡La hermandad de los pueblos ha fracasado!», o incluso: «¡Muerte a la hermandad de los pueblos!».

A primera vista esto resulta comprensible, como reacción emocional inicial ante las masacres y los secuestros cometidos en enero y febrero en el norte y el este de Siria por parte de las tropas del Gobierno Provisional Sirio. La deserción de algunas unidades árabes de las FDS hacia las tropas del Gobierno Provisional, desencadenó un debate sobre hasta qué punto estas alianzas habían sido oportunas o sostenibles. Sin duda, las estructuras organizativas de Rojava y del norte y este de Siria están atravesando un necesario proceso de reflexión y autocrítica al respecto.

Sin embargo, cualquiera que haya seguido los debates en los medios digitales se dará cuenta de que la propaganda contra la «hermandad de los pueblos» forma parte de una campaña de antipropaganda de gran alcance y muy intensa contra las perspectivas del movimiento de liberación kurdo y el paradigma de la modernidad democrática. Igual que en todas las épocas y luchas en todo el mundo, podemos ver claramente cómo se construyen los relatos para consolidar la versión de la historia de los poderes dominantes.

Recordamos otras afirmaciones, como el famoso «fin de la historia» proclamado por Francis Fukuyama en 1989. En aquel momento, se refería a la victoria aparentemente absoluta de las democracias liberales y la economía de mercado capitalista sobre todos los demás modelos sociales, en particular los socialistas. En el «fracaso de la hermandad de los pueblos», encontramos ahora una narrativa igualmente poderosa en el contexto de la reorganización hegemónica de Oriente Medio. Tales narrativas no son accidentales, ni existen simplemente en el vacío, sino que tienen un trasfondo ideológico específico y sirven a intereses particulares. Buscan consolidar una definición específica de la existencia.

Con esta narrativa se busca fomentar la hostilidad racista-nacionalista y política entre los distintos grupos de población del norte y el este de Siria y de toda la región, lo que se ve agravado por provocaciones como los ataques contra la población kurda de Afrin y Alepo, durante las celebraciones del Newroz de este año. En el contexto de la reorganización hegemónica de Oriente Medio, estas acciones pretenden traicionar los logros de la coexistencia democrática entre los pueblos del norte y el este de Siria, y socavar la fe en la posibilidad de una autogestión democrática.

Una mujer que presenció los ataques contra los barrios kurdos de Alepo de principios de enero lo resumió acertadamente: «Lo que estamos viviendo hoy no es un asunto local, sino más bien un terremoto regional destinado a extinguir cualquier atisbo de esperanza de un futuro democrático en Oriente Medio.»1

La existencia: entre mesas imponentes y menús peligrosos

Todo esto ocurre en un momento en el que nos enfrentamos a cambios fundamentales en el equilibrio de poder y a luchas por la hegemonía. Se trata de una guerra por un orden mundial en transformación, que se libra simultáneamente en múltiples frentes. Las distintas potencias se posicionan en este contexto con sus propios intereses y tácticas.

En el Foro Económico Mundial de Davos, celebrado en enero, Emmanuel Macron afirmó: «Fíjense en la situación en la que nos encontramos. Me refiero a un giro hacia la autocracia, en contra de la democracia. Más violencia, más de 60 guerras en 2024 -un récord absoluto, aunque tengo entendido que algunas de ellas fueron amañadas. Y los conflictos se han normalizado, se han vuelto híbridos y se están extendiendo a nuevos ámbitos: el espacio, la información digital, el ciberespacio, el comercio, etc. Es también un giro hacia un mundo sin reglas, en el que se pisotea el derecho internacional y donde la única ley que parece importar es la del más fuerte»2. El primer ministro canadiense, Mark Carney, señaló: «Estamos en medio de una ruptura, no de una transición»3. En cuanto a la situación de Canadá, lo expresó sin rodeos: «Las potencias medias debemos actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú»4.

De Trump a Merz, pasando por Macron y Carney, todos ellos, de una forma u otra, hablan de defender la propia existencia. Abogan por el control de las fronteras nacionales, la militarización, el rearme, los acuerdos armamentísticos a gran escala o la colaboración con otras potencias -ya sea para explotarse mutuamente o para ganarse la partida unos a otros- con el fin de no acabar en el menú. A principios de marzo, durante un discurso ante las fuerzas armadas francesas (que, entre otras cosas, versaba sobre el rearme nuclear), Macron eligió unas palabras especialmente distópicas: «Porque en este mundo peligroso e inestable, como he dicho muchas veces antes: para ser libre, hay que ser temido»5. Y añadió: «Para ser libre, hay que ser temido; y para ser temido, hay que ser poderoso»6.

Declaraciones como estas, que se presentan como una actitud realista en materia de política de seguridad, nos revelan en esencia la forma más pura de la lógica patriarcal: para ser libre, hay que ser tan poderoso que los demás te teman. Pero si la propia existencia y libertad se basan en el miedo y, por tanto, en la subyugación de las demás (y posiblemente incluso dependan de la potencia de los propios misiles), ¿de qué tipo de «libertad» estamos hablando? La forma en que se negocia la política en la modernidad capitalista nos hace comprender, una y otra vez y de manera dolorosa, la trágica absurdidad del patriarcado.

Abdullah Öcalan ya analizó hace muchos años, en sus escritos de defensa, tanto desde el punto de vista histórico como sociológico, la situación a la que ahora nos enfrentamos, y la describió como la Tercera Guerra Mundial7. El paradigma de la Modernidad Democrática, al que ahora se refiere el movimiento por la libertad en Kurdistán y, cada vez más círculos más amplios en todo el mundo, se basa en estos análisis y formula una alternativa contemporánea, que afirma: la existencia social y la libertad no pueden defenderse a largo plazo mediante el dominio patriarcal, la militarización, el aislamiento y el control. Al contrario, el objetivo es hacer realidad y defender la existencia como personas y sociedades libres mediante el establecimiento de estructuras de autogobierno democrático. Öcalan formula así una perspectiva radicalmente opuesta a la guerra, el colonialismo, el capitalismo y las estructuras de poder patriarcales: un horizonte estratégico y alternativas prácticas para Oriente Medio y el mundo entero.

II. ZANEBÛN: el conocimiento y la conciencia como fundamento de la existencia humana

La vida no es solo una existencia física. Si queremos comprender la guerra de nuestro tiempo y las disputas sobre el paradigma, debemos entender el papel que desempeñan para las personas y las sociedades el conocimiento, la conciencia y el sentido. ¿Quiénes somos y en qué podemos convertirnos? ¿Qué define nuestra existencia como seres humanos y como sociedades? ¿Se trata únicamente de nuestra existencia biológica como especie humana, de la conversión de energía a través de la ingesta de alimentos y de la reproducción biológica? ¿Constituye una sociedad simplemente la presencia física en un territorio de uno o varios grupos étnicos?

Para encontrar respuestas a estas preguntas, debemos profundizar en las raíces y las condiciones fundamentales de la existencia humana. En el recién publicado Manifiesto de la Sociedad Comunal Democrática (Demokratik Komünal Toplum Manifestosu), Abdullah Öcalan también se pregunta qué constituye la existencia humana. Cómo surgió el universo, las partículas más diminutas en movimiento, protones, neutrones, electrones, de los que se componen los átomos, átomos que están en constante intercambio y que, a través de complejas formas de organización, se combinan para formar moléculas, de las que a su vez se desarrollan células, organismos, algas, plantas y animales. Surgen con los ciclos del tiempo, crecen, se multiplican, perecen, y las partículas de las que se componían vuelven a transformarse en otras formas de existencia. A lo largo de la historia evolutiva, los seres vivos de la Tierra se desarrollaron en una enorme diversidad, y así surgió también la especie humana. En este sentido, los seres humanos forman parte de la naturaleza biológica, del mundo ecológico. «La vida de las células se desarrolla, por tanto, en función del intercambio o la organización. ¿Es posible que esta propiedad de las células esté relacionada con la sociología humana?»8

Los seres humanos son seres ecológicos. Y también podemos entenderlos como seres sociales y pensantes. Una mirada a la historia evolutiva y cultural de la humanidad nos revela las profundas huellas de la vida en comunidad: los seres humanos son seres sociales. No se trata de inclinaciones individuales o estilos de vida -como si alguien prefiere vivir solo o puede vivir durante un tiempo como individuo autosuficiente; más bien, la sociabilidad es una condición fundamental de la existencia humana. Esto queda especialmente claro al nacer: mientras que las crías de muchas otras especies suelen ser capaces de valerse por sí mismas y sobrevivir tras solo unos días o semanas, un bebé humano necesita muchos años para crecer. Depende de la alimentación, la protección y los cuidados, no solo de la madre, sino también de todo un entorno ecológico y social.

La necesidad de conexión, cuidado y cooperación constituye la base de la vida en comunidad. Ya en las primeras comunidades y clanes humanos, el cuidado organizado en torno a la madre dio lugar a una forma de vida en comunidad que constituye el núcleo de la convivencia social. Solo podemos existir apoyándonos y sosteniéndonos unas a otras: biológica, económica y psicológicamente y, no menos importante, a través de la conexión interpersonal, el reconocimiento y el amor. El hecho de que esta realidad fundamental de conexión y dependencia mutua se vea oscurecida, explotada y alienada al máximo en el capitalismo es una de sus contradicciones centrales.

Al mismo tiempo, los seres humanos son seres pensantes. Parece que la naturaleza compleja del pensamiento humano y la forma en que creamos cultura y significado nos diferencian, en cierta medida, de los demás animales. Partiendo de su primera naturaleza -su naturaleza biológica o ecológica-, los seres humanos han cultivado, a lo largo de su evolución, una segunda naturaleza, de carácter social: un mundo de lenguaje, cultura, valores y significados. La propia sociedad crea, moldea y transmite continuamente esta naturaleza social.

El nuevo manifiesto afirma: «La sociedad no es solo una asociación de personas. Es un sistema de valores creado por las personas y a través del cual estas se realizan a sí mismas mediante la colectividad. El elemento constitutivo, sustentador y generador de todas las estructuras sociales es el sentido. La sociedad (…) es a la vez sujeto y objeto de su propio devenir, que tiene un carácter abierto. En otras palabras: la sociedad es un proceso continuo de construcción, decadencia y reconstrucción. En última instancia, esta naturaleza social es obra de los seres humanos. Es una realidad que se forma en torno a la especie humana».9

Y precisamente porque la realidad social es creada y transformada por la propia sociedad, la sociabilidad no se rige por estrictas leyes naturales de causa y efecto. Es más flexible, pero también está determinada por tendencias y posibilidades. Como seres humanos, estamos profundamente conectados con esta realidad social: crecemos en ella; nuestra visión del mundo y toda nuestra vida están determinadas por ella.

Por eso el sentido desempeña un papel tan existencial para nosotras. Nuestra comprensión de nosotras mismas y del mundo, lo que percibimos como verdadero, justo o bueno, está estrechamente ligada a cómo lo hemos vivido desde la infancia. A lo largo de la historia de la humanidad, lo que inicialmente ha tenido importancia es aquello que permite, nutre y protege la vida: por lo tanto, la maternidad, el cuidado, la comunidad, la tierra, el sol, el agua y la comida se consideran a menudo como algo sagrado. Sin embargo, con el desarrollo de la dominación y las estructuras patriarcales, vemos cómo se pueden afianzar valores y significados destructivos: la violencia, el dominio y la explotación se normalizan e incluso se presentan como necesarios y legítimos, a pesar de que contradicen la vida misma. El significado no es simplemente una dimensión abstracta o metafísica de la imaginación humana. Es tangible, perceptible, material, parte de la realidad social. Impulsa a las personas a comportarse de determinadas maneras y también puede imponerse mediante la manipulación y la violencia.

Tomemos, por ejemplo, las fronteras nacionales. En su primer sentido, el biológico, carecen de realidad. Las aves migratorias simplemente las sobrevuelan, y la historia de la humanidad siempre ha estado marcada por el nomadismo, la migración y el intercambio cultural. El concepto de fronteras nacionales, por otro lado, se ha creado, institucionalizado y aplicado a lo largo de la historia como resultado de una política centrada en el poder, el capital y la dominación. Hoy en día, las fronteras nacionales tienen un significado y una realidad materiales: definen territorios, dictan la libertad de movimiento, desgarran sociedades, imponen la asimilación y han costado innumerables vidas a lo largo de la historia. Sin embargo, con demasiada frecuencia, su legitimidad no se cuestiona en absoluto.

Zanebûn significa «conocimiento». Adquirir conocimiento (zanebûn) y conciencia (hişmendî) de nuestra historia y nuestra sociedad significa ser capaces de comprender nuestra propia existencia y situación de una manera completamente diferente. Podemos desafiar realidades aparentemente abrumadoras y ver con mayor claridad en qué ruedas de hámster de la modernidad capitalista nos estamos agotando. Ver el potencial de una vida libre y comprender cuándo y cómo se han desarrollado ciertas estructuras de poder a lo largo de la historia nos permite darnos cuenta de que las cosas pueden ser muy diferentes. Por eso el conocimiento y la conciencia son un requisito previo fundamental para la liberación.

Dar sentido y crear una cultura de vida libre

Cuanto más profundos son nuestro conocimiento y nuestra conciencia, más se convierte nuestra capacidad de dar sentido y crear significado en una gran fuerza productiva para la liberación. El movimiento de liberación kurdo nos muestra cómo, a través de la tradición de la lucha por la libertad, combinada con un amplio movimiento social, se puede crear un nuevo significado.

En torno al movimiento por la libertad ha surgido toda una cultura. Está profundamente arraigada en una historia compartida, en experiencias comunes y en luchas vividas. Se basa en valores que se forjaron con gran dedicación y esfuerzo, por los que se hicieron muchos sacrificios. Y sigue creciendo, a través de la memoria colectiva, la práctica, la reflexión y la renovación. Combina la historia viva, la conmemoración de las Şehîd, los valores, los principios, la música, las danzas, los símbolos, los conceptos y las palabras, hasta llegar a métodos de trabajo prácticos y enfoques de la vida comunitaria organizada. A veces, incluso vemos cómo las fuerzas nacionalistas y capitalistas tratan de imitar esta cultura y explotarla en beneficio de sus propios intereses. Pero al final, esto solo produce una imagen distorsionada y vacía. Es una cultura que se puede vivir, pero no imitar. Está abierta y es accesible a todas las que comparten sus valores, pero no es un objeto que se pueda comprar y lucir como una corona. Su poder y belleza surgen de la unidad de la esencia (cewher) y la forma.

Este ejemplo nos dice mucho sobre el poder que puede surgir de las luchas sociales. Si somos capaces de cuestionar los valores destructivos de la modernidad capitalista y, en su lugar, damos sentido y reforzamos aquello que verdaderamente nos acerca a la libertad y en lo que reside el potencial para una vida mejor y más justa para todas, entonces nos encaminamos hacia la creación de una cultura de vida libre.

Todo esto deja claro por qué es tan esencial la lucha por el paradigma, que es también una lucha por el sentido. Y la lucha por el sentido está ligada a la lucha por el CÓMO de la existencia.

Una ética de la existencia basada en la risa

Cuando se habla de Rojava, a veces se oye a periodistas o comentaristas explicar la situación con ferviente racionalidad y afirmar: «Rojava no tiene nada que ver con la revolución ni con paradigmas alternativos, sino con el acceso a los recursos minerales». «Quizás para ti», pienso entonces, porque lo que Rojava representa depende de la perspectiva de cada una. Y veo a toda la gente de Rojava: madres, hijas, abuelos, trabajadores, jardineros, profesoras, combatientes, que están dando su vida por esta revolución.

Es una locura que vivamos en una época en la que insistir en los valores éticos fundamentales pueda tacharse de ingenuidad. Sin embargo, debemos empezar precisamente por ahí y romper con la insoportable normalización de la brutalidad de la modernidad capitalista. En tiempos como estos, la defensa de la existencia social y ética es un acto profundamente político. Cualquiera que, ante la Tercera Guerra Mundial o los «Archivos Epstein», siga aferrándose a la idea nihilista de que es ingenuo cualquier intento de desarrollar una alternativa ética a la modernidad capitalista, no está actuando con cautela crítica, realismo o imparcialidad, sino que está tomando partido en defensa de un sistema destructivo y absurdo.

Mientras escribo este texto y reflexiono sobre el significado y la desaparición de la hermandad entre los pueblos, me viene a la mente un recuerdo… N, una amiga árabe con la que viví durante un tiempo en Rojava, había escrito una frase en mi cuaderno a modo de recuerdo. Ella misma creció en una tribu árabe, se casó joven, se separó de su violento marido al poco tiempo y se unió al movimiento por la libertad. La frase que escribió en árabe en mi cuaderno es el título de un libro de Xeyri Garzan sobre la vida de los guerrilleros: «Gölümse, ölüm utansın.» – «Ríete, que la muerte se avergüence».

En una época en la que nos enfrentamos con frecuencia a la violencia y la muerte, pienso en esta amiga y en por qué escribió esta frase en mi cuaderno. Es un recordatorio de lo que significa dedicar la vida a la lucha por la libertad.

¿Qué significa una sonrisa ante la muerte y la destrucción? La risa a la que aquí se hace referencia, una risa que avergüenza a la muerte, no es una sonrisa forzada que enmascara inseguridades o dolor. Es una risa que revela una profunda conexión con la vida. Una risa que se niega a ser humillada, que desafía la injusticia y formula una resistencia vibrante contra la furia devastadora de la destrucción. Una resistencia que defiende, desde lo más profundo del corazón, una vida ética y la convivencia de los pueblos en dignidad y libertad.

También me viene a la mente la frase de Gisèle Pelicot «La vergüenza debe cambiar de bando»10, que podría convertirse en el lema de un amplio movimiento. Si somos conscientes de los valores que defendemos y de lo que está mal, y si convertimos esa conciencia en un principio compartido que también sepamos defender en la práctica, entonces tendremos el poder de transformar los marcos de significado y las realidades de la sociedad.

El paradigma de la modernidad capitalista proclama una y otra vez: o te sometes a las realidades del sistema y juegas en las mesas donde lo hacen las potencias hegemónicas, o serás devorada. La importancia para nuestra época del paradigma de la modernidad democrática radica precisamente en el hecho de que se resiste a esta lógica del sistema. Basado en un sólido análisis histórico y sociológico, una buena dosis de realismo geopolítico y una ética radical de la libertad, nos permite salir de la rueda de hámster; abre nuevos horizontes de imaginación y vías para la acción social y política.

III. XWEBÛN significa llegar a ser una misma

Llegamos ahora a la dimensión en la que la existencia y la conciencia encuentran su expresión: Xwebûn. Xwebûn significa ser una misma y convertirse en una misma. A veces también hablamos de têşê girtin, que significa tomar forma. En la filosofía política del movimiento de liberación kurdo, y en particular del movimiento de mujeres, Xwebûn significa liberarse de todas las formas impuestas y, paso a paso, a través de un proceso de conciencia y liberación, convertirse en una misma: tomar conciencia de la propia existencia, de la propia identidad, de la propia voluntad, y darles forma.

Nuestra existencia está ligada a la existencia, la historia, la vida y la libertad de las demás. Por eso, encontrarse a una misma y la autoliberación implican también una liberación colectiva y social. Xwebûn: no solo como mujer individual, como ser humano individual, sino también colectivamente: como comunidad, como movimiento, como sociedad.

Las experiencias en Rojava ponen de manifiesto el poder que reside en la autorrealización colectiva. Yüksel Genç escribió al respecto: «Lo que está ocurriendo en Rojava y más allá es un profundo cambio político: una minoría amenazada se ha convertido en un sujeto político transnacional seguro de sí mismo, con una influencia cada vez mayor, pero también con una responsabilidad cada vez mayor. La unidad que ha surgido no es perfecta, pero es real. Y está transformando el panorama político»11.

La existencia es física, es ideológica, es política, y se materializa a través de la organización. O, como dice Abdullah Öcalan en el nuevo manifiesto: «Existes en la medida en que estás organizada». Y continúa: «Lo hemos comprobado por nosotros mismos cuando intentamos definir la estructura kurda; existimos en la medida en que estamos organizados; somos destruidos en la medida en que nuestra organización se desintegra. Es obvio que la organización es lo que hace posible la existencia en primer lugar»12. Al igual que los átomos se combinan para formar moléculas y constituyen así la materialidad de la vida, las sociedades también se materializan a través de su forma de organización. Organizarse significa dar forma a nuestra existencia compartida. Especialmente en estos tiempos, la cuestión de la organización es existencial. Debemos organizarnos contra la guerra impuesta y la violencia patriarcal, contra los estados permanentes de emergencia, aislamiento, división y amenazas a los que nos enfrentamos en esta Tercera Guerra Mundial. Pero, ¿qué formas de organización se necesitan para que florezcan la libertad y la autodeterminación? ¿Y sobre qué pueden fundamentarse?

Más allá de la hermandad y el Estado-nación

Cualquiera que hoy en día desprecie públicamente la «hermandad de los pueblos» y la contraponga a la «hermandad de las kurdas» está creando una contradicción que, en realidad, no existe dentro del paradigma. Y es que, según este paradigma, la «hermandad de los pueblos» y la libertad y la existencia autónoma de Kurdistán son mutuamente dependientes.

Si se analiza más detenidamente, se podría incluso argumentar que el término «hermandad» no encaja del todo en este paradigma. En kurdo, quienes se acercan a este paradigma suelen hablar de «xwişk û biratiya gelan»13 («hermandad de los pueblos»), distanciándose así de una perspectiva puramente masculina. Hacer hincapié en la hermandad de los pueblos es una parte importante de la tradición socialista-democrática e internacionalista del movimiento por la libertad y se refiere a la solidaridad entre los pueblos (oprimidos).

Dicho esto, lo que resuena en el término familiar «hermandad» no es, en realidad, hacia lo que se encamina la perspectiva de la nación democrática y el confederalismo democrático. La «hermandad» se refiere, en efecto, a un ethos tradicional de lealtad y cohesión. Sin embargo, la cohesión entre hermanos se basa en los lazos de sangre y, por lo tanto, también puede implicar camarillas masculinas y nepotismo. En otras palabras: para empezar, no hay principios ni normas ético-políticos detrás de ella. No en vano, el paradigma de la modernidad democrática aspira a algo más que a un Estado-nación de hermanos. Se trata más bien de la nación democrática y de una coexistencia democrática de los pueblos basada en fundamentos éticos y políticos. Abdullah Öcalan sostiene que el intento de encajar la realidad multifacética de las sociedades en un nacionalismo centrado en el Estado no ofrece ninguna perspectiva de solución. Más bien, esto conduce a la perpetuación y a la profundización de los conflictos: «Si se impone la solución del Estado-nación, cinco Estados en el mismo territorio estarán en conflicto permanente entre sí».

Desde la década de los 90, Abdullah Öcalan ha criticado la forma organizativa del Estado-nación, y estas críticas y análisis han sido ampliamente debatidos y desarrollados dentro del movimiento de liberación kurdo. Öcalan analiza tanto las lecciones que se pueden extraer de la historia de Oriente Medio como las experiencias del llamado «socialismo real» y de los movimientos de liberación nacional anticolonialistas. El sueño del Estado-nación como garantía de la libertad y la independencia de los pueblos -ya sea burgués o socialista- es un mito. Especialmente en Oriente Medio, la construcción de los Estados-nación no fue un logro de los pueblos, sino un instrumento de intervención imperialista y de políticas de «divide y vencerás». En lugar de conducir a la libertad y la autodeterminación, las fronteras estatales trazadas provocaron más conflictos, asimilación, corrupción y la desestabilización de la región. Incluso los Estados poscoloniales del Sur Global que lograron alcanzar la independencia formal a menudo permanecieron enredados en dependencias coloniales, y el desarrollo de estructuras democráticas de autogobierno resulta muy difícil. «Maduro también tenía un Estado-nación…», comentó recientemente un amigo. Sí, si el Estado-nación por sí solo fuera una garantía contra la intervención externa o las tendencias antidemocráticas, entonces lo que ocurrió con Maduro probablemente no habría sucedido.

El nuevo manifiesto lo deja muy claro: «En las condiciones de la modernidad capitalista, toda nación se define en términos del Estado-nación, y se considera como si fuera una ley universal que, para ser una nación, haya que convertirse en un Estado. Por el contrario, la construcción de una nación democrática no se lleva a cabo a través del Estado-nación, sino a través de la autogestión. Lo importante es que no sea un poder externo o dominante el que administre la sociedad, sino que lo haga ella por sí misma. En una nación democrática, la base no es el dominio extranjero, sino la autogestión»14.

Pero Öcalan es objeto de críticas reiteradas tanto por parte de los círculos nacionalistas como de los marxistas ortodoxos y, de hecho, sus perspectivas trascienden en muchos aspectos los marcos teóricos y conceptos clásicos. Con su crítica al Estado y su enfoque en la liberación de la mujer, el comunalismo, el confederalismo democrático y la integración democrática, no ha «abandonado» ni «traicionado» a Kurdistán, como afirman algunas voces de la antipropaganda. Al contrario: profundiza y actualiza los análisis del poder y la sociedad, critica los enfoques dogmáticos, formula las tesis contemporáneas más acertadas y plantea una pregunta profundamente incómoda: cómo deben reorganizarse los movimientos de liberación para no quedarse estancados en la nostalgia, y poder librar luchas efectivas por la libertad contra el sistema de la modernidad capitalista.

Sobre la realización personal y la autogestión: la comuna y el comunalismo

Convertirse en una misma está, por tanto, vinculado a la autogestión. Y la base de la autogestión es la comuna, como unidad más pequeña de organización social. Las comunas pueden adoptar una gran variedad de formas. Abdullah Öcalan escribe: «El fundamento de la sociedad es la comuna. Para que la existencia social prospere, debe revivirse hoy. En esencia, la sociedad democrática se basa en la autogestión y la autodefensa. El comunalismo es el nombre del sistema social democrático. Este sistema incorpora las diferencias y no acepta enfoques desarrollados sobre la base de la fe o la etnia que tengan como objetivo dividir y crear discriminación»15. «Las comunas son una necesidad fundamental de la sociedad; son autogestión. La comuna es la célula madre de la nación democrática. Si la célula no está sana, tampoco lo está el cuerpo. En este sentido, la comuna es vital. La tarea más importante de una sociedad -la más significativa en términos morales, científicos y estéticos- es alcanzar el poder de la autogestión»16.

Como visión concreta para Kurdistán, Öcalan propone un modelo de organización confederal, que abarca desde la comuna más pequeña hasta la Unión de Comunas Democráticas de Kurdistán, y que conforma una Internacional Comunal a escala mundial.

También describe como una «revolución positiva» el establecimiento de las estructuras necesarias para la autogestión democrática y los cambios de poder que ello conlleva: «La diferencia de la revolución positiva radica en construir una sociedad democrática y una nación democrática basadas en el comunalismo, sin involucrarse con el poder ni con el Estado. Es decir, construiremos nuestro propio mundo. El Estado no se supera mediante la destrucción, sino restringiendo su esfera de influencia a través del desarrollo del comunalismo»17.

Esto resuena sobre todo como un llamamiento a la acción: ¡Levantaos! ¡Uníos! ¡Organizaos! ¡Cread vuestras propias instituciones! ¡Fortaleced vuestros vínculos! Porque cuanto más fuerte y consciente sea la autoorganización democrática, más se verá obligado el Estado a reconocerla.

Integración democrática: ¿sentarse a la mesa o acabar en el menú?

Estas preguntas no se refieren únicamente a un experimento mental filosófico, sino a cuestiones sociopolíticas muy concretas, en una guerra en la que están en juego la vida y la muerte. En la actualidad, el tema de la «integración» es uno de los más debatidos en este sentido. Esto plantea cuestiones muy concretas y prácticas: ¿Cuál es el futuro del proceso de paz en Turquía? ¿Qué le depara el futuro a Rojava? ¿Se podrán defender los logros de la revolución y cómo se traducirá todo esto en la práctica?

«Últimamente se habla mucho de “integración”, pero no de integración democrática», comentó un amigo en una conversación reciente. «Creo que tenemos que entender este concepto mucho más a fondo…». En la concepción clásica de los Estados-nación capitalistas, «integración» suele significar adaptación. Es decir, encajar en un orden dominante ya existente desde una posición marginal. Esto suele ser sinónimo de asimilación, subordinación, abandono de la propia identidad y capitulación.

Sin embargo, el concepto de integración democrática, tal y como lo ha definido Abdullah Öcalan en los últimos meses, rechaza la asimilación y la subordinación. La integración democrática se basa en el reconocimiento, la autoorganización, el conocimiento de la historia y la transformación mutua. Significa, ante todo, el reconocimiento de las democracias locales dentro del Estado. El nuevo manifiesto afirma: «La integración democrática significa no aceptar la solución del Estado-nación. El Estado-nación se basa en la negación, la asimilación y la aniquilación. Es obvio que un Estado-nación que acepta la integración y se declara dispuesto a negociar sobre este asunto se alejará de estas características. Por lo tanto, la integración debe considerarse como la solución fundamental para remediar el daño causado por el Estado-nación en nuestra región y para restablecer una comunidad de pueblos»18.

Esto plantea cuestiones importantes: «¿Están los Estados-nación de la región realmente preparados para la integración? ¿O qué entienden por integración? ¿Se oponen de verdad a la asimilación? Para responder a estas preguntas son esenciales los procesos de negociación y el diálogo. No se pueden encontrar soluciones aferrándose a viejos prejuicios ni poniendo en primer plano el sufrimiento padecido. De la misma forma en que las fuerzas de la oposición democrática y socialista debaten con valentía las limitaciones de los dogmatismos y los errores del socialismo, también los ideólogos y los centros políticos de los Estados-nación deben afrontar con la misma sinceridad los crímenes y errores cometidos durante más de doscientos años en nombre del Estado»19.

Abdullah Öcalan también subraya que la integración democrática no puede lograrse con gobiernos dictatoriales, monárquicos o fascistas. Mientras la república no se democratice, tampoco será posible la integración democrática, ya que estos procesos son interdependientes. Además, destaca que dicho proceso solo puede avanzar sobre la base de una política democrática, negociaciones democráticas y un marco jurídico. Por lo tanto, son también fundamentales el estatus jurídico, el afianzamiento de los derechos democráticos y su pleno reconocimiento. La integración democrática no significa aniquilarse unas a otras, sino, con conciencia histórica, ser conscientes de los puntos en común y las diferencias y generar profundos cambios democráticos a través de un proceso dialéctico de contradicciones.

En estos días se están debatiendo, en particular, las contradicciones, las deficiencias y los escollos de dicho proceso, y existe inquietud sobre sus posibilidades de éxito. Abdullah Öcalan hizo una importante observación en sus perspectivas para el XII Congreso del Partido. Cita a Şêx Seîd, líder de uno de los grandes levantamientos kurdos, que fue condenado a muerte:

«Señor fiscal, usted prometió que cenaríamos cordero juntos. ¿Qué ha sido de eso?»20

Ni cordero, ni comida digna en una mesa compartida, ni negociaciones: en su lugar, Şêx Seîd fue ejecutado en Amed en 1925. Este ejemplo sirve de advertencia para no dejarse llevar por expectativas imprudentes y no confiar en que se respeten ciertas normas. Parece llamarnos la atención: aprendamos de la historia, mantengámonos alerta y no repitamos los errores del pasado.

¿Sentarse a la mesa o acabar en el menú? Si nos atenemos a los discursos de los políticos en el Foro Económico Mundial, parece que la Tercera Guerra Mundial nos plantea esta disyuntiva. Abdullah Öcalan y el movimiento de liberación kurdo han abierto un camino alternativo en medio de todo este caos. El camino de la nación democrática significa no seguir el juego a las potencias hegemónicas, dejarse seducir por sus dudosas recomendaciones del menú, pero tampoco rendirse y dejarse devorar. Mientras que en la historia de los anteriores levantamientos kurdos predominaba la colaboración con los poderes dominantes o la ejecución a manos de estos, Abdullah Öcalan ha logrado poner una mesa: una mesa de negociación por la dignidad y la libertad de existir.

La integración democrática se parece a caminar por la cuerda floja, o el arte de sentarse a la mesa sin sentarse a la mesa21. Hacer todo lo posible por el reconocimiento de la existencia de las sociedades y por la coexistencia verdaderamente democrática de los pueblos, sin dejarse arrastrar por los juegos de las potencias hegemónicas. Y saber siempre:

La mesa que realmente importa no es la de los poderes fácticos, sino el sencillo sofre22 de la vida comunitaria. Reunirse en torno al trabajo en común, la creatividad, los valores y el sentido.

La integración democrática solo puede hacerse realidad si los cimientos democráticos de la sociedad son sólidos; en otras palabras, si organizamos nuestras vidas de forma comunitaria en todos los ámbitos.

Y, sobre todo, esto también implica no renunciar al derecho a la autodefensa: «Renunciar a la lucha armada y a las estrategias y tácticas basadas en ella no significa renunciar al derecho a la autodefensa. Renunciar al derecho a la autodefensa sin que se garantice la existencia kurda como sociedad democrática equivaldría a cavar la propia tumba»23.

Como ocurre con la conciencia subyacente, los pasos prácticos que conlleva la organización de la sociabilidad democrática deben desarrollarse continuamente. «Cuestiones como: dónde y cómo empezar, qué postura adoptar en las negociaciones, qué lenguaje, estilo y métodos emplear para construir instituciones y poner en práctica la teoría, son al menos tan importantes como la creación del marco teórico»24.

Xwebûn: ¿Cómo vivir?

La periodista y guerrillera Gurbetelli Ersöz anotó en su diario: «Creatividad práctica. Política práctica. Ese es el punto clave. La teoría solo tiene éxito en la medida en que se pone en práctica».

En el paradigma de la modernidad democrática, se combinan las perspectivas revolucionarias y una ética radical de dignidad y libertad con el realismo político y un elemento utópico; y, sobre todo, con un largo camino que aún nos queda por recorrer. Nos encontramos en una nueva fase en la que quedará claro cuánto se ha construido en los últimos años y cómo vamos a seguir desarrollando y defendiendo todo esto juntas. Y como escribe Abdullah Öcalan en “Más allá del Estado, el poder y la violencia”: «La lucha por la paz y la democracia es más dura que cualquier batalla militar»25.

Entonces, ¿qué debemos hacer en estos tiempos?

En kurdo hay una hermosa expresión: «buyina bersiv», que literalmente significa «convertirse en la respuesta». No se trata simplemente de dar una respuesta a una situación, como un reflejo ante un estímulo, sino de convertirse uno mismo en la respuesta. Y, en última instancia, eso también significa Xwebûn. Se trata de que nosotras, en estos tiempos históricos, nos convirtamos juntas en la respuesta. Como mujeres, como sociedades, como movimiento -a nivel local, regional y mundial. Depende de nosotras organizar y defender nuestra búsqueda de una vida libre y digna, en profunda conexión, más allá de todas las fronteras. Esto requiere conciencia histórica, visión de futuro, una postura ética e ideológica clara, organización práctica y mucha creatividad. Y para ello entrelazaremos Hebûn (existencia), Zanebûn (conocimiento) y Xwebûn (autorrealización) con la misma destreza y firmeza que nuestras trenzas.


1 Ver: https://jineoloji.eu/de/2026/01/31/das-leben-verteidigen-stimmen-aus-belagerung-und-widerstand-die-frauenkommune-in-aleppo/

2 https://www.weforum.org/stories/2026/01/davos-2026-special-address-by-emmanuel-macron-president-of-france/

3 https://www.weforum.org/stories/2026/01/davos-2026-special-address-by-mark-carney-prime-minister-of-canada/

4 Ibid.

5 https://www.lepoint.fr/politique/pour-etre-libre-il-faut-etre-craint-le-discours-integral-demmanuel-macron-a-lile-longue-sur-la-DFQAQP2445GH5FKY54WGM3HMTY/

6 Ibid.

7 https://democraticmodernity.com/world-war-iii-has-begun-there-is-another-way/

8 Traducción provisional de la autora, basada en: Manifiesto de la Sociedad Comunitaria Democrática. Weşanên Meyman: 2026

9 Ibid.

10 La frase «La honte doit changer de camp» (La vergüenza debe cambiar de bando) fue acuñada por Gisèle Halimi incluso antes que Gisèle Pelicot, a finales de la década de los 70. Era una abogada de origen tunecino, feminista y activista anticolonialista que se hizo especialmente conocida por su labor como defensora en juicios políticos durante la guerra de Argelia. Gisèle Halimi luchó por los derechos de las mujeres, especialmente en el contexto de la violencia sexualizada (incluido el caso de Djamila Boupacha). Hizo hincapié entre la interrelación entre la violencia sexista y la colonial.

11 https://deutsch.anf-news.com/kurdistan/rojava-als-katalysator-neue-rolle-der-kurdischen-bevolkerung-50279

12 Traducción provisional de la autora, basada en: Manifiesto de la Sociedad Comunal Democrática. Weşanên Meyman: 2026

13 En turco, la palabra es «kardeşlik», que significa «hermandad» y es un término neutro en cuanto al género.

14 Traducción provisional de la autora, basada en: Manifiesto de la Sociedad Comunitaria Democrática. Weşanên Meyman: 2026

15 Ibid.

16 Ibid.

17 Ibid.

18 Ibid.

19 Ibid.

20 La cita completa en kurdo: «¿Cuáles fueron las últimas palabras de Şêx Seîd? Una pregunta como esta viene a decir: “Fiscal Beg, ¿no dijiste que lucharíamos juntos?”. Se trata de un error religioso, ya que él es un jeque naqshbandi devoto. En esencia, la declaración es una trágica expresión de un trágico engaño. Muestra hasta qué punto fue engañado al renunciar a su ideología. Esto lo deja claro».

21 ¡¡Quantum!! 😉

22 El término «sofre» se refiere tradicionalmente al mantel que se extiende en el suelo para las comidas comunitarias.

23 Traducción provisional de la autora, basada en: Manifiesto de la Sociedad Comunitaria Democrática. Weşanên Meyman: 2026

24 Ibid.

25 Véase Öcalan, Abdullah (2010): Más allá del Estado, el poder y la violencia. Escritos de defensa. Colonia: Mezopotamien-Verlag

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