Una forma de vida que la época actual intenta devorar: la resistencia

De la Revista Jineolojî, número 11, diciembre de 2018

Fatma Koçak

Uno de los mayores problemas de nuestro tiempo es el desgaste, el uso indebido y la devaluación de conceptos que han surgido de la vida y la historia y por los que se ha pagado un alto precio, en definiciones que cada vez son más triviales.

Vivimos en una época en la que los conceptos, las identidades y las pertenencias se consumen de forma desenfrenada. En la modernidad capitalista, cada rasgo con el que los individuos se describen a sí mismos y cada particularidad que destacan para diferenciarse de la mayoría se vierten en el mercado, que se configura según los patrones de la sociedad de consumo. Y así continúa sin cesar esta vorágine consumista. Comienza en las mentes, en las que, como solían decir los antiguos, «las huellas del caballo se mezclan con las del perro». En la era de la modernidad capitalista, en la que se establece una vida útil para el ser humano, la naturaleza y todo lo vivo, el concepto de «resistencia» también empieza a convertirse en una retórica consumida, desgastada y pasada de moda.

La «resistencia» -que se ha manifestado como una ley inmutable desde el origen del universo, desde el surgimiento de la vida y de los primeros seres humanos en la Tierra- pierde su significado. A lo largo de la historia, la resistencia ha sido siempre una de las acciones más eficaces de quienes quieren preservar y desarrollar su existencia frente a quienes dominan y oprimen. La resistencia es la forma más virtuosa y sencilla de ser en la memoria del universo -frente a la hegemonía del poder patriarcal, que, bajo el lema «el más fuerte siempre gana», está siempre alerta y ataca. Los pueblos, los seres vivos, lo saben muy bien. Esta forma de resistencia, que no aparece en la historia escrita, antropocéntrica y patriarcal, es un reflejo de la vida.

Si se acorrala a un gato, este decide resistirse y se defiende con sus garras; si se intenta arrancar una rosa, esta intenta impedirlo con sus espinas; si se ataca el nido de un pájaro, este lo traslada a otro lugar y opone así resistencia; las abejas, si se las molesta hurgando en la colmena con una rama, se defienden con sus aguijones y ahuyentan a los agresores.

El término «resistencia» se define en el diccionario como «oponerse, mantenerse firme». Es una ley natural indispensable para todos los seres vivos de la Tierra, es instintiva y, tanto si se gana como si se pierde, es una opción inevitable. Quizás no se gane en ese momento, pero con el tiempo la resistencia se convierte en parte del ser. Así, por ejemplo, en el bosque no se encuentra ningún ciervo que no se oponga al león; esta es la única regla en la que se basa un ser vivo para proteger su existencia de cualquier ataque. No se puede esperar que un pueblo acepte en silencio que su lengua, cultura e identidad sean borradas. Pasa a la resistencia y, finalmente, encuentra una forma de preservar su existencia.

La resistencia, que para los seres vivos equivale a la propia supervivencia, se ha llevado a cabo en cada región con formas y métodos distintos. Si nos centramos en las experiencias y las historias que la concepción positivista, dominada por los hombres y orientada hacia los poderosos, intenta ocultar tras el velo del pasado, el poder, el impacto y el carácter instructivo de estos métodos constituyen una lección importante para todas nosotras. Sin duda, la historia no es solo repetición, como afirma la concepción positivista de la historia, pero sí es una buena maestra.

Fatmagül Berktay resume esto en «El género de la historia» de la siguiente manera: «Dado que, desde la invención de la escritura, la historiografía ha sido un monopolio de los hombres, sus hechos y las vivencias se han considerado “históricamente significativos”, mientras que las experiencias de las mujeres han quedado relegadas a un segundo plano». Se refiere así a las palabras de Gerda Lerner: «Si se contemplara la historia desde la perspectiva de las mujeres y se ordenara el pasado según los valores definidos por ellas, la historia que conocemos se vería bajo una luz completamente diferente…»1

La historia es un fenómeno vivo, fluido y holístico que abarca el pasado, el presente y el futuro, y para quienes son capaces de ver más allá de la niebla, es la mejor maestra para forjar el futuro. Sabemos que esta cortina de niebla se hace especialmente densa y que resulta más difícil ver más allá de ella cuando se trata de la historia de las mujeres. Está anclada en la memoria del universo, de las personas y de los seres vivos, que el sistema hegemónico intenta destruir. Creo que la fuente fundamental a la que recurriremos para construir el sistema de las mujeres se encuentra oculta en las historias de todas aquellas mujeres que han vivido y resistido a lo largo de la historia.2 Revivir esta memoria, desde el pasado más reciente hasta el más lejano, será para todas nosotras la mayor conciencia histórica y la mejor maestra.3

Sin remontarnos demasiado al pasado ni a tierras lejanas, este texto trata sobre algunas historias del siglo pasado que nos hablan de los métodos de un gran legado histórico de resistencia.

«Volvería y seguiría luchando…»

Maryam Çilingiryan y Khanum Ketenciyan son dos mujeres que, durante el genocidio armenio de 1915, fundaron un grupo de 25 mujeres para proteger a su pueblo y organizar así la resistencia. Tras los primeros días del genocidio, cuando el 24 de abril los intelectuales de Estambul fueron arrancados de sus hogares y deportados hacia un destino desconocido, surgieron movimientos de resistencia en muchos lugares de Anatolia. Uno de esos lugares fue Urfa, y las organizadoras de la resistencia fueron mujeres. Khanum y Maryam entraron en acción con el grupo de mujeres que habían fundado para impedir la entrada de los soldados en los barrios. Su primera acción se dirigió contra un cuartel militar otomano. Después de recoger todas las armas del cuartel regresaron al barrio; la acción se extendió como una ola por la ciudad y dio esperanza a la población. En esos días, los alemanes intervinieron y, a través de una supuesta organización humanitaria internacional, instaron a la población a rendirse, anunciando: «A quienes se rindan se les perdonará la vida». Khanum y Maryam sabían que se trataba de una trampa, y reforzaron sus posiciones de resistencia contestando: «Es una trampa, no nos rendiremos». La resistencia en Urfa fue aplastada por bandas locales bajo el mando del oficial otomano Nedim Bey y del capitán alemán Wolffskeel. Las unidades de artillería alemanas comenzaron a destruir los barrios armenios. Maryam perdió la vida durante la resistencia; Khanum y cuatro de sus compañeras fueron capturadas con vida. El siguiente diálogo entre el oficial otomano y Khanum, en estos días, nos refresca la memoria.

Oficial otomano: ¿Cómo me demostrarías tu gratitud si te salvara la vida?

Khanum: Volvería y seguiría luchando.

Oficial otomano: Vuestra causa no tiene futuro. ¿Qué vais a hacer?

Khanum: Moriremos en la resistencia.

Oficial otomano: Te llevarán por la fuerza. Si quieres, puedes convertirte en mi esposa. Las demás chicas podrán elegir al hombre con el que quieran casarse. No se utilizará la violencia, todas recuperarán su libertad.

Khanum: Entonces te refieres a la deshonra.

Al final de este diálogo, Khanum saca la pistola que llevaba escondida en el bolso y mata al oficial otomano. A continuación, la fusilan junto con sus cuatro compañeras.4

Constance, que encendió la chispa de la revuelta

En los días en que Khanum ofrecía su digna resistencia, en otra región, otra mujer escribía su propia historia, destinada a quedar como legado para el futuro. Constance Markievicz -condesa, artista, política, luchadora por la independencia, revolucionaria, sufragista y socialista- en la lucha por la independencia de Irlanda. Constance fue una de las primeras en encender la chispa de la revuelta en la lucha por la independencia de su país, conocida como el Levantamiento de Pascua o «Guerra de las trincheras y las barricadas». En un poema escrito en el campo de batalla, su amiga de la infancia, con quien luchó en la misma barricada, le gritó a Constance: «Levántate, por favor, enciende una cerilla…». Bajo el mando de la comandante Constance, las mujeres levantaron barricadas, cavaron trincheras y formaron unidades de autodefensa para hacer frente a los ataques de los soldados británicos. Las mujeres que, tras las barricadas, se negaron a rendirse pasaron a la historia como las «Mujeres de 1916». El levantamiento condujo finalmente a la proclamación de la República de Irlanda, la primera constitución de Europa que reconocía los derechos de las mujeres. Constance fue capturada durante el levantamiento y condenada a muerte. Cuando, por su género, se conmutó la pena por cadena perpetua, contestó a los soldados británicos: «Ojalá vuestra gente tuviera la decencia de fusilarme».5

Resistencia a través del fútbol: estamos en el partido

La resistencia, que para las mujeres constituye una forma de vida, impresiona por la diversidad de sus métodos. Entre las mujeres que resisten no solo en el campo de batalla, tras las barricadas, sino en todos los ámbitos de la vida, se encuentran también las mujeres zapatistas, que han decidido reivindicar su existencia jugando al fútbol. Todas conocemos las historias de las mujeres indígenas zapatistas y su lucha por la libertad. Sin embargo, esta es quizás una de las formas menos conocidas de resistencia. Desde la década de 1990, las hermanas zapatistas utilizan el campo de fútbol como forma de resistencia tanto contra las tradiciones patriarcales como contra los gobernantes. Para el equipo de fútbol femenino de las Hermanas Zapatistas, la vida es una forma de resistencia contra el destierro de las calles por parte de las tradiciones patriarcales y la guerra.6 No juegan por la competición ni por los premios, juegan para compartir. A veces descalzas, a veces con sus hijas a la espalda, juegan al fútbol y, al hacerlo, rompen las reglas patriarcales del juego. Las Hermanas Zapatistas son un ejemplo de las sutilezas de la resistencia femenina.7

De Hipatia a Ferhunde: la lucha de las mujeres por la verdad en la filosofía

Los conocimientos, las obras y la forma en que Hipatia de Alejandría cuestionaba el mundo constituyeron un acto de resistencia en el Ágora. La memoria femenina conserva el saber y lo transmite de generación en generación, como antídoto contra la mentalidad masculina y patriarcal. Sin embargo, en todas las épocas la mentalidad masculina reacciona ante esta resistencia con ataques implacables. Todas conocemos más o menos la historia de Hipatia, pero muy pocas de nosotras conocemos la verdadera historia de Ferhunde, pues el poder patriarcal nos impide ver las verdades que se esconden tras la cortina de niebla. La afgana Ferhunde fue una filósofa que estudió teología. Todos han interpretado a Ferhunde como la «pobre mujer que fue linchada». Pero los verdaderamente «pobres» fueron los ciegos o los engañados de aquella época, pues Ferhunde era una luchadora de la resistencia que gritaba la verdad en las calles: contra la mentalidad patriarcal y contra todo lo que la gente tenía que soportar por ello. Ferhunde comenzó a hablar en las calles de Kabul sobre las contradicciones de la fe y la existencia, en contra de los charlatanes religiosos que engañaban a la gente con amuletos. Se enfrentó a la multitud, en su mayoría masculina, que se agolpaba alrededor de un santuario utilizado por esos falsos charlatanes, y les dijo: «La verdad no está en este amuleto; la fe os da el poder de sanar, pero no sana; ese poder está en vosotros». Los charlatanes religiosos, molestos por la situación, llamaron a Ferhunde y la amenazaron con frases como «Ten cuidado con lo que haces…». Pero ella no se dejó intimidar, se resistió y siguió diciendo lo que sabía. La alianza entre la religión, los hombres y la ignorancia no pudo soportar que una filósofa les dijera la verdad a la cara. Lincharon a Ferhunde el 19 de marzo de 2015 frente al santuario y luego la quemaron. Exactamente igual que Hipatia, linchada hace 1.500 años en Alejandría por mercaderes de la religión, porque no podían soportar que, con su rebeldía, una mujer avanzara tras las huellas de la verdad en la ciencia y la filosofía.

Da igual el rincón del mundo, da igual con la cultura con la que entres en contacto más allá de la «historia oficial»: en todas partes te encuentras con historias similares de resistencia y lucha por la supervivencia; basta con mirar más allá de la cortina de humo.

Lo anterior no son más que unos pocos ejemplos, tal y como mi pluma ha sabido plasmar, como muestra de respeto hacia todas aquellas mujeres que, desde hace milenios, mantienen viva la resistencia como forma de vida y tradición.

Y Efrîn…

El legado histórico de la resistencia de las mujeres sigue vivo y, sin duda, perdurará, pero antes continuemos con las historias de algunas mujeres que fueron testigos de primera mano de la «resistencia histórica» en Efrîn y cuyas vidas ya forman parte de la historia. Porque las mujeres de Efrîn se cuentan entre aquellas que nos enseñan y, al mismo tiempo, nos transmiten la verdad y la esperanza. Al igual que su tierra, sus formas de resistencia son a la vez auténticas y están marcadas por una gran sabiduría.

Como la resistencia de Rozerin, a quien conocí en Efrîn un día brumoso de primavera en el patio de un pueblo cubierto de vegetación. Rozerin, de la que no tuvimos la oportunidad de saber nada más que su nombre, se dirigió al frente de los combates como si fuera a una fiesta. No era de Efrîn, pero evidentemente se había enamorado de una vida que encontraba sentido. Y con su mirada clara, antes de partir hacia su última acción, susurró al oído de todas las mujeres el legado de su resistencia, como si dejara un testamento: «No confiamos en nadie cuando iniciamos esta resistencia; la elegimos voluntariamente: por nuestra tierra, nuestra identidad y nuestro futuro. El resultado lo dejaremos en manos de la historia, pero por ahora estoy aquí y lucho por las huellas que dejaré en la historia. Por todas las mujeres…».

Hablemos de la organización de las Unidades de Autodefensa de las Mujeres (HPC/Jin) en cada barrio de esta ciudad, donde la guerra se libra sin tregua y los aviones lanzan sus bombas a diario. En Mabeta conocimos a Lamîa Cemal justo cuando acababa de acunar a su hija de cuatro años para que se durmiera y se la había confiado a sus vecinas, mientras se preparaba para ir al frente. Hay que contar, con sus propias palabras, qué virtud es la resistencia: «Mi hija aún es muy pequeña, pero se lo cuento de todos modos. Le digo que voy por nuestro país, por nuestro pueblo. Le digo que voy para servir a nuestro pueblo. Como aún es pequeña, no entiende mucho, pero algún día comprenderá que lo hago por ella».

Otro frente, otro lugar de resistencia: Şera. Una mujer de unos cincuenta años, madre de cuatro hijos, monta guardia en el frente: Fátima Mustafa. Ya en los días en que estalló la guerra civil siria en Alepo, defendió su barrio con las armas y luego regresó a Efrîn. «Hemos luchado duro para volver a hacer de esta tierra nuestro hogar, hemos montado tiendas de campaña, plantado nuestro huerto, construido nuestra casa… y ahora alguien intenta expulsarnos de nuestro hogar. Que nadie espere que lo aceptemos», comienza Fátima su relato. Muestra sus manos ensangrentadas por las trincheras y continúa contando su historia de vida a través de la resistencia: «Tenemos que defendernos a nosotras mismas, a nuestras hijas y a nuestro hogar. Hemos entrenado a todas las mujeres de entre 40 y 80 años. Los ataques son muy brutales. Para defendernos de ellos, nos armamos. También estuvimos en primera línea en los combates por Alepo y Til Rifat. Día y noche nos defendemos, resistimos. Hasta donde nos alcancen las fuerzas…»

También hay que escuchar a Azime, que ha convertido su pequeño taller textil de Cinderes -que regentaba antes de que comenzaran los ataques de la ocupación- en un hospital para heridos, donde presta primeros auxilios. Una mujer menuda, de piel oscura y mirada radiante, que cuenta que hay más de una forma de resistencia.

Mientras sus dos hijos luchan contra la ocupación en el frente, Azime ha encontrado otra forma de resistencia. Cuida de todas las heridas que llegan a su pequeño hospital con el mismo cariño con el que cuida de sus propias hijas. El cariño de Azime y sus palabras curan muchas heridas, y quienes se recuperan deciden volver inmediatamente al frente para resistir con más fuerza aún.

Después de vendarte las heridas, se inclina hacia ti y te dice: «Sé que tienes dolor, pero esta herida es sagrada. Te recuperarás, porque la fertilidad de nuestra tierra cura todas las heridas. Tienes que resistir. No es la herida lo que mata al ser humano, sino la desesperanza. Mientras tengamos esperanza, no hay herida que no pueda curarse…»

Estos relatos no son más que pequeños fragmentos de las historias de miles de mujeres de Efrîn, y en las palabras de Azime se esconde, en última instancia, el legado de la resistencia. Sencillas, y tan sencillas como sabias: «Mientras haya esperanza, no hay herida que no pueda curarse».

Quizás esa sea la razón por la que miles de mujeres de Efrîn, que han resistido los ataques de la ocupación con una determinación poco común, organizan ahora en Şehba la vida y la resistencia para el regreso. La forma de resistencia de estas mujeres, que a pesar de las duras condiciones de los campamentos conservan su esperanza y su resistencia para no separarse de su tierra y del sistema de liberación de la mujer que han construido, ha adoptado una nueva forma.

En Şehba comienza otra forma de resistencia, y allí toma la palabra Doha Îbîş. Se encuentra allí, junto a la carretera, con sus hijas y las pocas pertenencias que pudo llevarse del distrito de Raco, en Efrîn, tras perder a sus familiares en la resistencia contra la ocupación. Cuenta que perdió a su marido en Efrîn mientras defendían la ciudad de los ataques de la ocupación. «Cuando los aviones de combate turcos alcanzaron a mi marido, fui al hospital. Estaba completamente quemado, solo le quedaban los huesos. Le puse la mano en el pecho, estaba muy caliente. Antes siempre tenía frío, pero desde ese día mi corazón es como un fuego y ya no tengo frío…», dice mientras espera al borde de la carretera en el frío de marzo.

«He hecho una promesa», dice, mientras espera el día en que pueda regresar a su tierra natal. «He hecho una promesa: a mí misma, a mis hijas, a aquellas a quienes he perdido. Hasta que llegue ese día, nos quedaremos aquí…»

Sí; Maryam, Khanum, Constanze, Hipatia, Ferhunde, las hermanas zapatistas, Zilan, Fátima, Azime, Doha… Solo unas pocas historias de un legado que se extiende a lo largo de milenios y que se ha consolidado en el último siglo. Todos estos nombres e historias infinitas son formas y manifestaciones de la resistencia. Toda resistencia deja un legado; a veces se pierde en un instante lo que se ha ganado con el tiempo, y estas historias encuentran inevitablemente su significado y su lugar en el ayer, el hoy y el mañana. Con historias sencillas, modestas y comprensibles, nos enseñan la forma de existencia y el método que la época actual intenta devorar: la resistencia…


Bibliografía:

Alev Aslan, Tarihin Arka Odası’nda “Kadın”, Ankara Üniversitesi İlef Dergisi 2 (2015): 77-94

Ermeni Ulusal Arşivi, Kedername: Osmanlı İmparatorluğu’nda Ermeni Soykırımı 1915, çev: Diran Lokmagözyan, Belge Yay., 2014

Fatmagül Berktay, Tarihin Cinsiyeti, Metis Yay., 2003

http://meydangazetesi.org/gundem/2013/03/dunyanin-bir-ucundan-diger-ucuna-direnen-kadinlar-ozgurlesiyor/

http://www.historylearningsite.co.uk/ireland-1845-to-1922/countess-markievicz/

https://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2018/03/clausuran-el-encuentro-mujeres-que-luchan-convocado-por-zapatistas/

Serpil Çakır, Tarih Yazımında Kadın Deneyimlerine Ulaşma Yolları, Kadınların Belleği Bülteni 36 (2004)


1 Fatmagül Berktay, Tarihin Cinsiyeti, 2010, İstanbul, Metis Yayınları: 28

2 Serpil Çakır, Tarih Yazımında Kadın Deneyimlerine Ulaşma Yolları, Kadınların Belleği Bülteni 36 (2004)

3 Alev Aslan, „Die Frau“ im Hinterzimmer der Geschichte, Ankara Üniversitesi İlef Dergisi 2 (2015): 77–94

4 Ermeni Ulusal Arşivi, Kedername: Osmanlı İmparatorluğu’nda Ermeni Soykırımı 1915, çev: Diran Lokmagözyan, Belge Yay., 2014

5 http://www.historylearningsite.co.uk/ireland-1845-to-1922/countess-markievicz/

6 https://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2018/03/clausuran-el-encuentro-mujeres-que-luchan-convocado-por-zapatistas/

7 http://meydangazetesi.org/gundem/2013/03/dunyanin-bir-ucundan-diger-ucuna-direnen-kadinlar-ozgurlesiyor/

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