Raqqa, la resistencia de la dignidad

Nora Merino, Academia de Jineolojî

Todavía recuerdo la primera vez que visité Raqqa. Fue en junio de 2018. Unos meses antes, en octubre del 2017, la llamada Operación Furia del Éufrates, que había entrado en su última fase en junio del mismo año, ponía fin a cuatro años de oscuridad de Daesh en la ciudad que había proclamado como capital de su califato del terror. Después de meses de duros combates, las Fuerzas Democrática de Siria (SDF) lideradas por las Unidades de Defensa de las Mujeres (YPJ) liberaban la ciudad y su población.

Raqqa es una ciudad muy antigua, de mayoría árabe donde siempre han convivido junto con kurdas y asirias, de clima desértico pero teñido por el intenso azul del río Éufrates y el verde de la vegetación de sus orillas. Cuando la visitamos en 2018, el 90% de la ciudad había sido destruída a causa de la guerra. Recordaba muy bien la plaza desde la cual la Comandancia de las YPJ había anunciado el fin de la Batalla de Raqqa y su liberación. Esa plaza había sido utilizada por Daesh para infundir su mensaje de terror, colocando cabezas decapitadas en los alrededores de la misma o gente enjaulada en su centro. La misma plaza que había sido durante cuatro años símbolo de la brutalidad más profunda de nuestro siglo, se convertía ahora en símbolo de liberación y esperanza.

La segunda vez que visité Raqqa fue hace algunos meses. Siete años después, la ciudad parecía otra. Desde sus ruinas, Raqqa había vuelto a levantarse. La vida, el ruido y el color no se parecían en absoluto al silencio, desconfianza y tristeza que se respiraba la primera vez. Raqqa se había despertado de una pesadilla que había sido demasiado larga y de la cual no era fácil olvidarse. Con gran trabajo y decisión, la antigua capital de Daesh se había convertido en la capital administrativa de la Administración Autónoma Democrática del norte y este de Siria, liderada por las mujeres y con la representación de todas las comunidades étnicas y religiosas. Tuvimos la oportunidad de visitar el centro de Zenobia, el movimiento de mujeres de las regiones árabes, o regiones liberadas, como las llamaban. Las mujeres árabes, al igual que las mujeres kurdas, estaban liderando el proceso de transformación de su sociedad, realizando trabajos de concienciación y sensibilización y formando y organizando a las demás mujeres. El centro estaba adornado con pequeñas y numerosas banderas de Abdullah Öcalan, líder y fundador del paradigma de la nación democrática sobre la que se sostiene la Revolución de Rojava, paradigma dentro del cual las mujeres árabes de Raqqa habían encontrado la posibilidad de existir; imágenes de mujeres árabes y kurdas que habían sido martirizadas por ataques de Turquía o grupos yihadistas podían verse en la sala donde nos recibieron. Esas mujeres, que habían vivido bajo el yugo de Daesh y seguían rebelándose ante los roles clásicos y tradicionales que su comunidad esperaba de ellas, estaban felices, fuertes y decididas a seguir insistiendo en la libertad y la dignidad.

En los últimos días, con los ataques realizados por los grupos del Gobierno de Transición de Damasco y de Turquía en la región, y estando Raqqa de nuevo bajo control del HTS, una nueva forma de llamar a la ideología salafista de Daesh, con todas las imágenes e informaciones que llegan desde allí sobre el retorno de la pesadilla que estaban intentando olvidar desde 2017, constantemente me pregunto; ¿Qué habrá sido de ellas?

Lo que hoy está siendo atacado, además de un pueblo y una tierra, es una forma y cultura de vida, la dignidad en sí misma y la belleza de la convivencia. Pero si algo han demostrado Rojava y Raqqa en estos años, es que una vez que las mujeres abren los ojos, no hay nada que se los vuelva a cerrar; una vez que las mujeres han decidido vivir en libertad, encontrarán siempre un camino para llegar; no hay nada que pueda frenar la fortaleza y la voluntad de las mujeres.

Quería aprovechar este pequeño escrito para compartir una parte de la entrevista realizada en 2019 con Cihan Sheik Ahmed, Comandante de las YPJ y portavoz de la Batalla de Raqqa, publicada en el libro Mujer Vida Libertad: En el fuego de la revolución de las mujeres de Rojava. Cihan es kurda de Raqqa:

«Para mí fue una gran experiencia coordinar la guerra como portavoz. Escribí mi nombre en la historia representando a las YPJ. Realmente estoy contenta. Cuando los yihadistas entraron en Raqqa yo estaba allí. Fue como una herida. Fui herida en Raqqa. Tuvimos que salir. Pero en mi cabeza siempre estuvo el sueño de volver a Raqqa, de liberar Raqqa. Cuando empezó el frente de Raqqa fue natural que yo participara. Porque conozco tanto el territorio como a la gente. La gente de Raqqa nos llamó; conocían las Fuerzas Democráticas de Siria y el dolor que sufrían con Daesh había llegado al nivel más alto. Por eso, nuestro inicio del frente fue por un lado por el pueblo y por otro lado una venganza por las mujeres yazidí. Raqqa era una ciudad tranquila. Hay kurdas, árabes, asirias… Nuestras vecinas eran de todas partes; musulmanas, cristianas. No había diferencias entre nosotras. Esa ciudad que siempre está bonita en tu imaginación ahora es un lugar donde las mujeres son vendidas, son violadas. Mi familia vivió un año en Raqqa bajo Daesh. El dolor de la familia y de la gente fue el motivo principal para ir a liberar la ciudad, junto con la llamada del pueblo.

En Raqqa la realidad fue que había mujeres tanto en la coordinación como en el combate y en los frentes más adelantados. Nuestros compañeros también luchaban, no digo que no. Pero, hasta el día de hoy, todas las guerras en el mundo y en la historia se realizaron siempre con la mentalidad del hombre, y es muy diferente la guerra que hacen los hombres a la guerra que hacen las mujeres. La guerra que hacen los hombres trae con ella más destrucción. Trae poder. Pero la guerra que hacen las mujeres, trae con ella la vida. Estuve en Raqqa como portavoz. Puede que al principio no nos conocieran en el sentido ideológico, porque directamente llegamos al frente, pero la gente vio en las mujeres, en su lucha y en su sacrifico, la revolución de lo que ahora llamamos revolución del norte y este de Siria. Decimos que nuestra revolución es para toda Siria, aunque anteriormente la gente de Manbij, Raqqa, Deir ez-Zor, estaba lejos de nosotras. No nos querían mucho. En el frente, mujeres, hombres, niñas o ancianas, cuando les pasamos a zonas de seguridad, vieron nuestra fuerza, es decir, vieron la vida.

En las mujeres de nuestra población árabe, se produjo algo muy extraño, porque nuestras culturas kurda y árabe, son diferentes entre ellas. Además, nosotras como sociedad kurda tenemos una herencia, conocemos el movimiento y hay una sensibilidad. Por eso, durante años, siempre hemos desarrollado nuestra búsqueda de la libertad. Esto siempre ha estado en el pueblo kurdo. Pero en nuestra sociedad árabe, especialmente en las mujeres, no se había producido. Lo conocieron después de la liberación de estas ciudades. Al principio, cuando las jóvenes árabes venían a unirse a nosotras, decían, “dadnos las armas que nos vamos a vengar de Daesh”. Habían matado a su padre, o a su madre, o a su hermano, les habían cortado el cuello. Querían vengarse, porque el dolor que han sufrido las mujeres con Daesh realmente es un dolor muy grande. Pero después de que llegaran y se unieran a nosotras, la primera necesidad fue que se conocieran a sí mismas, conocieran su personalidad, conocieran su historia y su existencia, para que pudieran tomar sus decisiones. Por eso decíamos, “nuestra venganza es todo lo que nos podamos conocer a nosotras mismas como mujeres”. Nuestra venganza no es solo militar. ¿Por qué digo esto? YPJ no solo va a la guerra y combate contra los enemigos. Antes que nada, pretende acabar con esta mentalidad del poder que se ha asentado en la sociedad durante miles de años; romper con la mentalidad de dominación y construir de nuevo una voluntad propia de las mujeres. Cuando las mujeres árabes comprendieron esta realidad se hicieron más fuertes, en el sentido de pensamiento y confianza; se ha dado a conocer al mundo que las mujeres, si triunfan mentalmente, se liberan. Hasta que las mujeres no sean libres mentalmente, no pueden tomar las armas y combatir. Daesh representa el nivel más alto de la mentalidad de dominación, una mentalidad que quiere eliminarnos. Si no somos una, si no llevamos a cabo una fuerte lucha, si no hacemos más grande nuestra organización, nos encontraremos siempre con esta mentalidad. Daesh mañana se llamará de otra manera. Falta poco para que acabemos con Daesh, pero su mentalidad aún está. Por eso nuestra lucha no termina con el final de Daesh. Nuestra lucha terminará con la eliminación de la mentalidad dominante. Cuando realmente construyamos una sociedad libre con el color de las mujeres, entonces podremos decir que hemos llegado al resultado que queremos.

Fue un triunfo muy grande. Por un lado combatimos, pero por otro lado también hicimos grande nuestra organización. Tomábamos un pueblo y toda la juventud se unía a nosotras. Recibían formación y participaban en el frente. Los jefes tribales se reunían con nosotras, nos ayudaron mucho, y la gente estaba de nuestro lado. Si en una guerra la gente está de tu lado vas a ganar, esto es una realidad. La gente decía, “estamos relajadas cuando vemos que delante de un equipo hay mujeres, sabemos que ese pueblo va a ser liberado, ese barrio va a ser liberado”. En Raqqa decían “mujeres kurdas”, pero realmente eran las mujeres YPJ. Para nosotras fue una experiencia muy grande. La psicología de la gente de Raqqa era diferente, por la violencia de Daesh. Cuando liberabas a estas personas, cuando les mirabas a los ojos, veías que el valor de la vida, la esperanza de la vida, había muerto. Por esto, nuestro frente de Raqqa no fue solo militar sino también social, fue un frente humanitario. ¿Cómo vuelves a una persona a la vida? Escuchas a los niños a los que Daesh ha dado formación, y sabes que estos niños han perdido su infancia. Guerra, asesinato, corte de cabezas, corte de manos. Cuando les abrazas y sonríen, se crea algo nuevo dentro de ellos, sientes que desean la vida. En Raqqa, cuando llegamos, la gente nos decía, “¿sois de verdad?”. Era como un sueño. Una vez, una mujer se me acercó, me besó y dijo, “esto para mi es suficiente, eres una mujer que ha venido a liberarnos”. Una mujer que viene a liberar a las mujeres, una mujer que viene a salvar a las mujeres. Otra mujer dijo, “te miro y me siento feliz, me veo a mi misma en ti”. Cierto, liberamos Raqqa, liberamos Manbij, ahora (2019) estamos liberando Deir ez-Zor, pero estas personas tienen mucha necesidad de ayuda psicológica. Construir una ciudad de nuevo no es un problema, pero construir de nuevo a una persona, esto es lo más importante. Si miramos la historia, vemos que todas las guerras que ha habido han sido por el poder, por la dominación, pero las mujeres combaten por su existencia, por la libertad.»

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