Nuevos mapas y corredores – ¿Quién está dibujando el futuro de Oriente Medio?
Şervîn Nûdem, Newaya Jin, Septiembre 2025
En la fase actual de la Tercera Guerra Mundial, están circulando varios mapas y escenarios sobre el futuro de Oriente Medio. Ya en el siglo XX, las potencias coloniales de Inglaterra y Francia habían empezado, con el Acuerdo Sykes-Picot (1916) antes del final de la Primera Guerra Mundial, a dividirse los territorios del desintegrado Imperio Otomano entre ellas. Los hombres blancos empezaron a trazar nuevas fronteras en los mapas, de un lado a otro de Oriente Medio. Con el Tratado de Lausana (1923) y el Plan de las Naciones Unidas para la Partición de Palestina (1947), las potencias vencedoras de las guerras mundiales en última instancia crearon un sistema de Estados-nación en Oriente Medio que estaba destinado a asegurar su poder y beneficios comerciales según al principio de “divide y vencerás”. Este orden colonial vino acompañado por una explotación sistemática, el fomento del nacionalismo, del fundamentalismo religioso, guerras y genocidios. Las principales víctimas fueron, y aún lo siguen siendo, los pueblos kurdo y palestino, que a día de hoy continúan luchando por la defensa de su existencia, por una vida digna y libre en sus países natales.
Coordenadas de la Tercera Guerra Mundial
Tras el colapso de la Unión Soviética, las potencias occidentales hegemónicas bajo el liderazgo de EEUU (George Bush) empezaron a trazar nuevos mapas y estrategias para el “Nuevo Orden Mundial” unipolar. Ningún rincón del planeta se salvaría. El primer paso hacia la completa incorporación de los recursos y mercados de Oriente Medio dentro de la estructura lucrativa de la modernidad capitalista fue la guerra del Golfo de 1991. El complot internacional del 9 de octubre de 1998, y el posterior secuestro de Abdullah Öcalan, tenían la intención de demonstrar que: ¡No hay alternativa! Con la guerra contra Afganistán en 2001, y la guerra de Irak en 2003, la Tercera Guerra Mundial adquirió nuevos contornos, que Bush hijo presentó como la “Iniciativa del Gran Oriente Medio”. Mientras él aseguraba estar impulsando “la democracia y el buen gobierno, oportunidades económicas y por último, el conocimiento dentro de la sociedad” mediante el bombardeo de las ciudades, la tortura arbitraria de civiles, y el establecimiento de bases militares estadounidenses en Afganistán e Irak, la secretaria de Estado estadounidense Condoleezza Rice confirmó en 2006 que este proyecto iba a ser llevado a cabo a través del “caos constructivo”. Esto también incluye el islam político en sus varias manifestaciones, desde Al-Qaeda, los talibanes, los Hermanos Musulmanes, Hamás, y el AKP, hasta Daesh y HTS.

El verdadero objetivo de EEUU es destruir las estructuras sociales, culturales e históricas que se han desarrollado a lo largo de milenios – los valores espirituales y morales – y con ello, también la resiliencia de los pueblos de Oriente Medio. En este sentido, las potencias occidentales también intervinieron en la “Primavera Árabe” de 2011. Aparte de la revolución en Rojava que siguió una estrategia de Tercera vía basada en las perspectivas de Rêber Apo y llevó a cabo la construcción de estructuras democráticas confederales de autogestión, la mayoría de las movimientos socialdemócratas en el norte de África y Oriente Medio fueron sofocados – funcionalizados por poderes externos para el intercambio de dictadores o para guerras proxy.
Conocemos demasiado bien el rol que el gobierno del AKP turco jugó en la guerra de Siria y en la creación de grupos yihadistas supuestamente “de oposición”. Más o menos en línea con las potencias hegemónicas, entrenó y equipó a bandas asesinas compuestas por mercenarios en movimiento con fondos de la OTAN, la ONU y la UE, que bajo diversos nombres como Al-Nusra, Dáesh, SNA o HTS, llevaron a cabo guerras de agresión y masacres contra el pueblo kurdo en Rojava, contra los alauitas en la región costera, o contra el pueblo druso en Suweyda. También más allá de Siria, estas bandas asesinas son desplegadas para llevar a cabo guerras ilegales y crímenes contra la humanidad en África y Oriente Medio. Sus corredores se extienden desde Idlib al sur del Kurdistán, desde Libia a Somalia.
El Imperio Neo-Otomano versus el Gran Israel
Erdogan mostró cuál es la visión que tiene el AKP para Siria en su discurso ante la Asamblea General de la ONU el 20 de septiembre de 2022, con un mapa entre manos: la ocupación de todo el norte de Siria, es decir, avanzar hacia la destrucción de la Autonomía Democrática en Rojava / norte y este de Siria, como parte de las ambiciones de un Imperio Neo-Otomano. Es significativo que Netanyahu, exactamente un año y dos días después, es decir, el 22 de septiembre de 2023, durante su discurso en la 78ª sesión de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, presentó su mapa del “Gran Israel”. Según el mapa, el Gran Imperio Israelí, justificado por citas de la Torá, se extiende desde el Nilo en el oeste hasta el Éufrates en el este y desde Arabia Saudí en el sur hasta Antep y Urfa en el norte. Hace dos años, esta presentación hubiese parecido poco realista y megalómana. Sin embargo, si tenemos en cuenta algunos acuerdos firmados bajo el liderazgo de Israel y EE.UU. desde 2020, así como algunos acontecimientos clave de los últimos 5 años, entendemos que Israel habla en serio. Israel comenzó hace mucho tiempo, y continúa trabajando sin
descanso para allanar el camino hacia un Gran Imperio Israelí, y en eliminar cualquier resistencia al mismo. Un hito en este sentido fue el primer Acuerdo de Abraham firmado en 2020 con los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, y Marruecos, que hipócritamente decía “promover un diálogo interreligioso e intercultural que fomente una cultura de la paz entre las tres religiones abrahámicas y toda la humanidad”. Los propios acuerdos bilaterales redactados de forma tan generalista, a través de los cuales Israel pudo superar su aislamiento diplomático en Oriente Medio, incluso afirmaban: “Apoyamos la ciencia, el arte, la medicina, y el comercio para inspirar a la humanidad, maximizar su potencial humano, y acercar a las naciones. Buscamos poner fin a la radicalización y el conflicto para posibilitar un futuro mejor para los niños. Perseguimos una visión de la paz, la seguridad y la prosperidad en Oriente Medio y alrededor del mundo”.
Estas son unas palabras hermosas. En realidad, no obstante, hasta ahora este tratado ha contribuido más bien a asegurar los beneficios económicos, políticos y militares mutuos de los firmantes. Que esto es un movimiento estratégico de Israel ha quedado claro con el hecho de que no ha habido ninguna resistencia significativa por parte de los Estados árabes al genocidio perpetrado por Israel contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza y en Cisjordania desde el 7 de octubre de 2023. Los recientes ataques ilegales en Irán y la anexión de territorio sirio también han sido tolerados. Los Acuerdos de Abraham sirven para cambiar las coordenadas geoestratégicas del comercio y la política mundiales en favor de Israel, de EE.UU. y de la UE, y para contrarrestar la influencia de China, Rusia, Irán y Turquía. De este modo, Israel, Grecia y Chipre también comenzaron a colaborar en 2020 en el proyecto del gasoducto EastMed de aproximadamente 1.900 kilómetros, que representa una alternativa a los proyectos de gasoductos de Turquía. A través de la exportación de gas a Grecia e Italia desde los yacimientos de gas de Israel y Chipre, se pone fin a la dependencia europea del gas natural ruso. El establecimiento del corredor económico del IMEC desde la India hasta Europa pasando por Oriente Medio, que se anunció en la cumbre del G20 en la India en 2023, trae a Israel ventajas significativas en lo referente a su poder político y económico, mientras que Turquía se queda con las manos vacías. El Corredor de David, que se extenderá desde Israel hasta el sur del Kurdistán a través del territorio sirio – desde los altos del Golán y Suweyda hasta el Éufrates, también está ligado a este nuevo mapa geoestratégico de suministro energético, esferas de influencia y rutas comerciales. Estos proyectos han declarado nulas y sin efecto tanto las normas legales internacionales y los cuerdos de la ONU, como los acuerdos de Sykes-Picot y Lausana.

El nuevo diseño que las potencias hegemónicas occidentales quieren dar a Oriente Medio aspira a aislar a Irán y a Turquía. Esto también resulta evidente por el hecho de que Israel y EE.UU. están trabajando en estos momentos en firmar más Acuerdos de Abraham con Azerbaiyán y el gobierno de Jolani en Damasco, junto con la intensificación de las relaciones en materia de inteligencia, defensa y energía. Este es el trasfondo de las luchas de poder que Turquía e Israel han estado librando en Siria desde la caída del régimen de Baaz. Del mismo modo que los mapas del siglo XX, los mapas de los representantes de la modernidad capitalista que compiten entre sí en el siglo XXI también representan una topografía de destrucción y genocidio. Su rastro de sangre se extiende desde los ataques de ocupación y los asesinatos de kurdos con drones, hasta los genocidios de los alauitas en la región costera del Mediterráneo y de los drusos en Suweyda, pasando por el genocidio sistemático en Cisjordania. Es en esta continuidad que se sitúan las amenazas abiertas y los esfuerzos continuados del ministro de asuntos exteriores turco Hakan Fidan para movilizar al gobierno del HTS y las tribus árabes para otra guerra de agresión contra los territorios de la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria.
Una hoja de ruta para la paz en Oriente Medio
Se ha vuelto evidente que la modernidad capitalista con sus tres jinetes del apocalipsis – el Estado-nación, el capitalismo, y el industrialismo – es la causa de la guerra y de la destrucción de la vida. Los “nuevos” proyectos y mapas presentados por los estrategas del “nuevo orden mundial” bajo el nombre de “paz, democracia y prosperidad” están basados en el mismo paradigma deshumanizador. En contraste con esta topografía del horror, que está dirigiéndose a una guerra de Armagedón en Oriente Medio, Rêber Apo, con su histórico Manifiesto por la Paz y la Sociedad Democrática, ha establecido las bases para una salida al caos: la solución de las naciones democráticas y la modernidad democrática en Oriente Medio. Está basada en la autogestión comunal de las sociedades y en negociaciones para una integración democrática. El inicio del trabajo de la Comisión de Solidaridad Nacional, Hermandad y Democracia (Milli Dayanışma, Kardeşlik ve Demokrasi Komisyonu) en el parlamento de Turquía muestra que partes del Estado turco son también conscientes de que su propia existencia depende de una solución pacífica democrática a la cuestión kurda. Sin embargo, si Turquía puede realmente coger esta oportunidad y convertirse en una república democrática que abre el camino a la paz en Oriente Medio dependerá de tres aspectos esenciales. Estos son: poner fin a las agresiones a la Administración Autónoma Democrática del Norte y Este de Siria; acabar con la guerra y la represión del movimiento del liberación kurdo; la liberación de Abdullah Öcalan y su participación sin restricciones en el proceso de paz.
Cuanto más expandamos nuestra organización comunal regionalmente e internacionalmente, y cuanto antes llevemos a Turquía a través de nuestra lucha política a implementar estos tres pasos, mayores serán las probabilidades de que una primavera de mujeres y pueblos se desarrollen en Oriente Medio en el más puro sentido de la palabra, y que los amos coloniales blancos no vuelvan a determinar de nuevo el destino de Oriente Medio.