Defendiendo la vida: Resistencia significa paz y Afrin significa hogar

Instituto Andrea Wolf, Academia Jineolojî – noviembre de 2025

 

En todo el mundo, desde Venezuela hasta Kurdistán, en Palestina, Sudán y Somalia, se libran guerras y las personas se ven obligadas a abandonar sus hogares. Las fuerzas que libran la guerra comparten una narrativa central: el hogar. Ya sea en Siria o en Europa, el debate se centra en quién puede considerar su hogar la tierra en la que vive. En las últimas semanas de guerra en el noreste de Siria, miles de personas han perdido sus hogares, sus comunidades, su tierra. La mayoría de ellas ya han experimentado esto antes, y ahora se ven desplazadas por tercera o cuarta vez. Este artículo no trata sobre la guerra, sino que intenta abordar algunos aspectos sobre la paz. ¿Qué significa la verdadera paz en estos tiempos de guerra, y qué tiene que ver con el hogar?

Esta historia comienza en Afrin.

Afrin es una palabra dolorosa para quienes la consideran su hogar, porque hace mucho tiempo que no están allí. Desde la ocupación turca en 2018, muchas han estado viviendo en un campamento establecido cerca de Afrin, en Şehba, permaneciendo lo más cerca posible. El invierno pasado, fueron nuevamente expulsados por la guerra librada por mercenarios yihadistas, que ahora se han incorporado al ejército sirio. Muchas de estas personas se quedaron en un nuevo campamento en Tabqa. Los visitamos allí, fuimos invitadas a sus tiendas y nos contaron sobre las dificultades que enfrentan: el frío en invierno, el calor en verano, pero también su determinación de permanecer juntos y algún día regresar a Afrin. Este invierno, con Tabqa atacada y tomada por el gobierno de transición sirio y sus bandas de mercenarios yihadistas, se vieron violentamente obligadas a marcharse una vez más. En 2012, durante la Revolución de Rojava, la región de Afrin, en el extremo noroeste de Siria, fue liberada del régimen Baaz. Como en todo el territorio liberado, el propio pueblo estableció instituciones democráticas de autogobierno. Desde entonces, la sociedad se organizó en comunas y consejos, se estableció una economía comunitaria a través de cooperativas, y se desarrolló un sentido de comunidad mediante la educación.

«Esto significa que cada vez que se tomaba una decisión, la comuna participaba, y también en la resolución de problemas. La comuna crea la organización de la sociedad; le damos la mayor importancia dentro de todas las instituciones y consejos. Todas encuentran un lugar en la comuna», dicen las mujeres que están activas en las instituciones del campamento de refugiados autogestionado de Tabqa. Este sistema democrático, en el que cada individuo participa en los procesos de toma de decisiones, para que se tomen en interés del bien común, representa la visión de los pueblos del norte y este de Siria de una vida libre. Esta vida se basa en valores democráticos y ecológicos, con la necesidad de la liberación de las mujeres y la igualdad de género ocupando un lugar central.

Las mujeres continúan su relato de la vida en Afrin: «Al comienzo de la Revolución de Rojava. en 2012/2013, Afrin vivía en una economía circular autosuficiente. La gente se alimentaba de la tierra que les rodeaba. Todas las casas tenían árboles en el patio y jardines. Cuando se cultivan plantas para la venta, se utilizan fertilizantes químicos para aumentar las ganancias, pero no existía tal cosa en Afrin. Cuando las mujeres cultivaban alimentos en casa, satisfacían las necesidades de sus hogares y quizás también las de sus vecinas y amigas. Afrin estaba aislada (asediada), y podríamos haber sobrevivido así durante otros diez años. ¿Por qué? Porque cada casa tenía su propio jardín que podía abastecerla. Las mujeres fueron fundamentales en esto, cultivando y regando la tierra. Plantaban flores aquí y tomates allá. Una delicada rosa aquí y judías al lado. La gente de Afrin cultivaba todo ella misma. Además, todas las casas tenían ovejas para hacer yogur, leche y queso. Y de ellas también se ocupaban principalmente las madres».

Las mujeres hablan con orgullo sobre la economía circular natural y la importancia de la autosuficiencia en tiempos de guerra y asedio. El papel de las mujeres y las madres en esto, como portadoras de esta vida comunitaria, es primordial para ellas. Hablan de lo verde que es su tierra natal de Afrin, en contraste con el paisaje árido donde ahora intentan reconstruir sus vidas.

«Se podría pensar que aquí no se puede plantar nada, pero hemos plantado de todo».

No se refieren a cualquier verde, no al verde exuberante de la hierba o al verde oscuro del abeto, sino al verde grisáceo de los olivos. Afrin es famosa por sus olivos y producción de aceite. El ejército turco, que interrumpió violentamente la vida comunitaria en Afrin en enero de 2018, llamó a su ofensiva militar «Operación Rama de Olivo». Con el grupo mercenario recién creado, «Ejército Nacional Sirio», destinado a implementar los intereses turcos al otro lado de la frontera con Siria, el 20 de enero comenzó una guerra ofensiva contra Afrin.

«Durante la Guerra de Afrin, de repente aparecieron aviones de guerra sobre nosotras. Nunca habíamos visto algo así en nuestras vidas. No teníamos experiencia en la guerra», relatan las mujeres sobre aquel día. Los intereses turcos se centraban en defender un concepto de patria que solo permitía que un grupo étnico, una lengua, una cultura y una religión se sintieran como en casa. Para establecer este principio, el estado turco se construyó sobre la base de negar la sociedad, la lengua, la etnia y la cultura kurdas. La vibrante vida comunitaria que se desarrolló a través de la Revolución de Rojava al otro lado de la frontera turca, amenazaba con refutar este concepto, especialmente porque estaba liderada por una iniciativa kurda. Las mujeres de Afrin cuentan cómo, a través de la resistencia compartida de las mujeres, se superaron las divisiones étnicas, ya que asumieron un papel de liderazgo para toda la sociedad.

La verdad es que las mujeres han liderado la vida durante miles de años. Pero nosotras, en medio de todo ello, nos hemos enfrentado a muchas dificultades. Nos guste o no, en la cultura, la religión, en todas partes hay costumbres y tradiciones. Los esfuerzos y el trabajo del movimiento de mujeres se convirtieron en un modelo y una fuente de fuerza para nosotras. Dentro de la sociedad, como mujeres, para construir autonomía entre las mujeres, para conocernos a nosotras mismas y liberarnos… y con esto convertirnos en pioneras para todas las mujeres del mundo… En Afrin vivían principalmente mujeres kurdas y árabes, y también algunas familias turcomanas. Cuando hablábamos de construir comunas de mujeres, se sentía como si toda la sociedad se estuviera moviendo hacia una línea de corrección. La sociedad podía respirar profundamente… podía respirar con más facilidad. Impartimos formaciones sobre la defensa de los derechos de las mujeres. La libertad no es fácil… La liberación de las mujeres significa que las mujeres deben conocerse a sí mismas. Necesitábamos comunas de mujeres porque en ellas las mujeres podían compartir entre sí su dolor y sufrimiento causados por tradiciones opresivas, padres, hermanos o esposos.

Dos meses después del inicio de la guerra de agresión, el 18 de marzo de 2018, el SNA, respaldado por Turquía, comenzó la ocupación de Afrin. Saquearon aldeas, violaron, asesinaron, secuestraron, torturaron y cometieron numerosas masacres de civiles. Se prohibió y persiguió hablar la lengua kurda, y los olivares, de gran importancia histórica, fueron quemados. Miles de personas se vieron obligadas a abandonar su hogar. Dado que Afrin se había convertido en refugio para muchas que huían de guerras anteriores, como los ataques del ISIS en Şengal, este desplazamiento era el segundo en su vida. La población de Afrin no renunció a su objetivo de regresar a casa y por lo tanto solo se desplazó lo estrictamente necesario. Muchas fueron a Alepo o Şehba. Şehba también estaba rodeada por la ocupación turca y el régimen totalitario sirio de Assad y sometida a un embargo económico y ataques constantes. Las miles de desplazadas internas de Afrin no se rindieron y desarrollaron una visión de una vida libre y comunitaria en los campamentos de refugiadas.

Después de nuestra llegada [a Şehba], pasamos tres meses visitando familias que vivían en tiendas de campaña. Íbamos de casa en casa y hablábamos sobre cómo las mujeres podían mantenerse a sí mismas, identificar los problemas desde el principio y mantener limpias a sus hijas y el entorno. Porque cuando las mujeres están bien preparadas y empoderadas, pueden mantener a toda la familia. Después, nos reunimos en el consejo comunitario. Hablamos de nuestra situación, de la guerra, de cómo habíamos sido desplazadas y cómo queríamos organizarnos en el futuro.

En los campamentos de refugiadas, también se organizó la autodefensa. «Si un extraño llegaba (al campamento), alguien del comité de autodefensa inmediatamente verificaba quién era. Ahora, tres cuartas partes de las miembros del comité de autodefensa son mujeres. En general, las mujeres son quienes hacen la mayor parte del trabajo. A pesar de todas las dificultades en las tiendas, especialmente para las familias con niñas, las mujeres están resistiendo, organizándose y defendiéndose a sí mismas y a sus familias». La autodefensa abarca muchos roles. Algunas montan guardia, hacen patrullas y aprenden a usar armas. Otras «decían que eran necesarias en casa, pero que informarían a las demás si notaban algún problema». Su objetivo no era solo organizar bien la vida diaria en la situación de guerra, sino sobre todo crear un futuro que pudiera superar la guerra.

Habíamos instalado una guardería en Şehba. Todo estaba listo para el primer día de las niñas. Las maestras habían pintado dibujos en la pared. Preguntaron:” ¿pintamos un coche?” Yo respondí: “Todo lo que pintemos debe ser de la naturaleza”. Preguntaron: “¿Por qué?” y yo les respondí: “Para que las niñas y los niños, puedan observar la naturaleza y encontrar paz. Para que crezcan con amor. Cuando observen la naturaleza, el amor se desarrollará dentro de ellas. Entonces también amarán su entorno en general”. Las maestras estuvieron de acuerdo. Quien ama la naturaleza lo ama todo. Pero tuvimos que abandonar la guardería y dejar Şehba.

Durante siete años, la gente de Afrin había vivido en Şehba, continuando con su autogobierno en los campamentos y defendiendo estos valores contra los ataques turcos. «Cuando tus manos plantan algo en la tierra, construyes conocimiento y energía. Cuando te separan de eso… ¿Has visto lo que están haciendo con los olivos en Afrin? Están talando los olivos. ¿Lo has visto? No puedes separar a las mujeres de Afrin de la naturaleza. La gente piensa que nada crece en los campamentos. Pero hemos plantado de todo. Estar separadas de eso es como estar separadas de tu propia belleza, del amor a la vida, de tu espíritu».

 

Cuando el régimen de Assad fue derrocado en el otoño de 2024, Turquía aprovechó la oportunidad y atacó la región con bombardeos aéreos y terrestres del SNA y el ejército turco. El 2 de diciembre de 2024, los campamentos de refugiadas fueron evacuados y la población se vio obligada a huir una vez más.

«Esto tiene un impacto en las personas. Las mujeres son las más afectadas. Porque a menudo están atadas al hogar, cuidando de la casa, criando a las niñas. Si todo lo necesario para la vida está disponible o no, si hay trabajo o no, si todo funciona sin problemas o no… les afecta enormemente. Algunos problemas y dificultades se experimentan como resultado de esta huida», explica una de las mujeres.

Otra mujer añade:

Cuando tuvimos que huir de Şehba y llegamos aquí, piénsalo, era pleno invierno. Estábamos en tiendas, pasando frío. Pero las mujeres resistieron y se defendieron en los campamentos, porque una mujer que no está organizada y no puede defenderse a sí misma, no puede vivir bajo tales condiciones. […] Juntas, las mujeres se apoyan mutuamente y se animan unas a otras para desafiar las condiciones.

Algunas familias se trasladaron a las ciudades y encontraron trabajo, otras se mudaron a otros campamentos de refugiadas, como las mujeres entrevistadas en Tabqa, y otras se mudaron a Alepo. En Alepo, se integraron en las comunidades vecinales de los distritos autónomos de Sheikh Maqsoud y Ashrafieh y se involucraron en los comités. El resto de Alepo estaba bajo el control del nuevo Gobierno de Transición Sirio, que se formó después de que la milicia islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS) tomara el poder en el otoño de 2024. Debido a su ubicación, los dos distritos autónomos desempeñaron un papel significativo y fueron escenario de repetidos conflictos. El gobierno de transición avivó las divisiones y la incitación, especialmente contra las minorías religiosas y étnicas en los distritos autónomos. En un proceso de negociación para la integración de las unidades de autodefensa de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) en el gobierno de transición, se alcanzó un acuerdo el 10 de marzo de 2025. El objetivo de la democratización era crear una Siria en la que todas sus habitantes pudieran encontrar juntas un hogar.

El punto 5 del acuerdo establece: «Garantizar el retorno de todas las sirias desplazadas a sus ciudades y aldeas y garantizar su protección por parte del Estado sirio».

Y el punto 7: «Rechazo de los llamamientos a la división, el discurso de odio y los intentos de sembrar discordia entre los grupos de población de Siria».

Alepo desempeñó un papel especial en la implementación del acuerdo y la descentralización de Siria. Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) confiaron la seguridad de los barrios autónomos a las fuerzas de seguridad internas arraigadas en los comités de autodefensa comunitaria. En abril de 2025, el consejo civil de los barrios firmó un acuerdo con el Gobierno de Transición Sirio. Este acuerdo confirmaba que los dos barrios permanecerían siendo autónomos, al tiempo que se reconocía que formaban parte de Alepo, respetando la identidad social y cultural de la zona. Las carreteras hacia el resto de Alepo debían abrirse, y la responsabilidad de la seguridad de los barrios debía ser compartida.

Hacia finales de año, se hizo cada vez más evidente que los procesos de democratización y descentralización en Siria no se implementarían rápidamente, sino que se estaban bloqueando. Las tensiones resultantes fueron particularmente evidentes en los barrios de Alepo. En diciembre, las fuerzas gubernamentales bloquearon las carreteras de acceso a los barrios, obstaculizando la entrega de suministros. Esto fue seguido por enfrentamientos militares entre el gobierno y las fuerzas de seguridad internas tras los ataques a manifestaciones públicas. El 6 de enero de 2026, milicias mercenarias leales al gobierno de transición sirio y a Turquía lanzaron un ataque dirigido contra civiles e infraestructuras usando armas pesadas. Asesinaron y destruyeron utilizando métodos inhumanos. Muchas personas abandonaron sus barrios, aventurándose una vez más hacia lo desconocido. Otras atendieron el llamamiento de los municipios y consejos y decidieron permanecer en sus barrios y resistir. Las fuerzas de seguridad internas de la administración autónoma defendieron los barrios y resistieron durante días, mientras los grupos yihadistas mostraban su completa visión distorsionada de la vida, capturando civiles, mutilando y profanando los cuerpos de las asesinadas. Las mujeres, en particular, sufrieron la violencia a manos de la mentalidad yihadista fascista de los atacantes. Esta guerra en Siria está arrebatando el hogar en todo su sentido material de la vida, y además está atacando una forma de definir el hogar como algo vivo, algo que puede conducir a un camino hacia la paz para todo el mundo. La gente en Rojava, a pesar de las lágrimas en sus ojos, a pesar del dolor que toda guerra conlleva, sabe con certeza que solo una vida de resistencia puede traer la paz a su hogar. Incluso después de ocho años de ocupación de Afrin, la gente sigue decidida a regresar. «Todos dicen que las milicias se han apoderado de Afrin, han talado los árboles, han matado, ocupado y destruido todo. Pero queremos regresar a nuestra tierra. Haremos que Afrin sea verde de nuevo, como era antes. Nosotras, las mujeres, tenemos esta convicción».

Una de las mujeres concluye la conversación, y otra añade:

Yo digo que, cuando regrese a Afrin, iré a la cima de una montaña, construiré una casa de barro y viviré allí. Seremos autosuficientes y no abandonaremos nunca más esta cultura. Regresaremos a nuestra cultura, nuestro modo de vida, para que podamos dejar atrás fácilmente los años que tuvimos que estar lejos de Afrin.

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