Cultura de la violación: Raíces históricas y reflexiones sociales – 2

La cultura de la violación fomenta la agresión sexual masculina y apoya y tolera la violencia contra las mujeres. Considera la violencia física y emocional como algo normal y equipara la sexualidad con la violencia. Predomina la creencia de que el "no" de una mujer es un "sí” encubierto.

ZILAN KOÇGIRI

«Hasta que no se supere la cultura de la violación impuesta sobre la sociedad matriarcal, la verdad social no podrá ser revelada completamente en todas las dimensiones de la filosofía, la ciencia, la ética, la estética y la religión».

Para entender cómo la modernidad capitalista ha condenado a las mujeres a la cultura de la violación más que en cualquier otra época en la historia, a través de su dependencia del trabajo de las mujeres, basta con examinar el mundo contemporáneo del pensamiento ideológico-filosófico. La cultura de la violación llevada a cabo a través de sistemas de pensamiento religioso, se ha perpetuado en la era más vulgar de la modernidad capitalista a través del nacionalismo y el sexismo. El cientificismo positivista, que actúa con la lógica simplista de «el fuerte oprime al débil», presentada como ley natural, ha buscado formas y métodos para confinar en hogares y fronteras precisamente a ese género sobre cuyo trabajo se sustenta. El líder del Movimiento de Liberación de Kurdistán, Abdullah Öcalan, ha definido a las mujeres en la modernidad capitalista como la «reina de las mercancías», y ha realizado la siguiente afirmación: «En el sistema capitalista, las mujeres son las que sufren más desempleo, falta de poder y confinamiento en el hogar. Las mujeres están condenadas a vivir entre cuatro paredes. La situación de los kurdos es similar a la de las mujeres, son situaciones que se parecen entre sí. Por eso me centro tanto en este tema. Me pregunto por qué no puedo vivir con una mujer. He conocido mujeres desde que tenía ocho años. A esta temprana edad, se me impuso la concepción dominante del honor. No puedo estar todo el día con una mujer que no es libre. La mujer ha sido esclavizada; existe una cultura de la violación de cinco mil años de antigüedad. Sin ser conscientes de esta cultura de la violación, no podeis entenderos a vosotras mismas. No estoy hablando de burdeles oficiales, no estoy hablando de violación en hogares particulares, estoy hablando de cultura de la violación».

La violación es la acción inalterable de la masculinidad dominante.

La cultura de la violación se fundamenta en una singular estructura de poder. La forma patriarcal capitalista moderna, que inventó el Estado-nación para preservar su estructura, ha creado no solo uniformidad a nivel individual, sino también a nivel mental, y un mismo mundo emocional para todo el conjunto social. En la modernidad capitalista, que busca crear tanto una sociedad uniforme como una sociedad de Estado-nación, extendiendo su poder por toda la sociedad, la cultura de la violación se ha activado en lugar de los dioses desenmascarados. El hombre, que se ve a sí mismo como el operador del sistema en cada hogar, se apoya en una cultura de la violación generalizada. Con la sexualidad masculina estimulada y la sexualidad femenina suprimida, se utilizan herramientas para normalizar la cultura de la violación en la profundidad de la mente de la sociedad. En particular, los medios de comunicación, la cultura popular, el arte y los deportes han sido ampliamente utilizados con este propósito, y la cultura de la violación se ha convertido en la acción inalterable de la masculinidad dominante, vaciando estos ámbitos de su verdadero contenido o incrustándose deliberadamente dentro de ellos.

Quizás esta afirmación nos pueda parecer dura a muchas de nosotras, así que aclaremos el tema poniendo algunos ejemplos de áreas donde opera el sistema de la cultura de la violación. El sexismo, la mayor arma utilizada por los sistemas de civilización contra las sociedades a lo largo de la historia, ha ampliado la colonización de las mujeres con múltiples objetivos en la era de la modernidad capitalista. Las mujeres han sido convertidas en la mercancía más valiosa como productoras de descendencia, trabajadoras domésticas no remuneradas, objetos de deseo sexual, herramientas de publicidad, y también pueden ser vistas como la herramienta constante de violación como realización del poder masculino dentro de la fábrica. Cada uno de los argumentos ideológicos de la supremacía del sistema dominado por hombres -sexismo, nacionalismo y fundamentalismo religioso– tiene una función separada en el establecimiento de esta cultura.

¡”No” solo significa “no”!

La cultura de la violación fomenta la agresión sexual masculina y apoya y aprueba la violencia contra las mujeres. Ve la violencia física y emocional contra las mujeres como algo normal, considera la violencia como algo atractivo, y equipara la sexualidad con la violencia. En este sentido, es dominante la creencia de que el «no» de una mujer oculta un «sí” encubierto. En los medios escritos y visuales, la violación se muestra frecuentemente, y al final, el caso se resuelve «dulcemente» con la mujer mostrando su «consentimiento». La cultura de la violación les dice a las mujeres cómo vestirse, cómo hablar, cómo reír o no reír. Aconseja a las mujeres embarazadas que no salgan. Decide de quién pueden o no ser amigas las mujeres, o cuántos hijos debe tener. La cultura de la violación transmite el dicho «si la violación es inevitable, deberías tratar de disfrutarla» como un slogan para las futuras generaciones.

La cultura de la violación culpa a la víctima. Un hombre juzgado por violar a una niña es absuelto porque hubo «consentimiento». Impulsa los matrimonios infantiles con frases como: «La menor consintió…». Defiende la violación de niños en un curso de Corán diciendo: «Por una vez, no pasa nada…». La cultura de la violación comienza en «la familia, que es la institución más pequeña del estado y la mazmorra más estratificada de las mujeres»… Obliga a las mujeres que sufren incesto a permanecer en silencio para siempre. Categoriza a las mujeres como «honorables» o «deshonrosas», esta cultura hace creer a la gente que las mujeres que no se someten a las normas del hombre dominante «merecen» ser violadas. Padre, hermano, tío, maestro, imán, doctor, policía, soldado… la lista es larga. Internados y escuelas, hogares, dormitorios, comisarías de policía…

La mujer como imagen cosificada

La forma en que una sociedad tematiza la violación y la violencia sexual proporciona pistas claras sobre las relaciones de poder-hegemonía y las relaciones de género de esa sociedad. La manera en que se aborda y discute la cultura de la violación juega un papel importante en la perpetuación de esta cultura. La mujer es la víctima, la subordinada, la silenciosa y retraída. Ante toda la multitud violada, nadie pregunta sobre el destino, los sentimientos y las experiencias de la mujer que ha sido violada, ni quiere saberlo. Como imagen cosificada, la mujer no puede ir más allá de ser una noticia en la prensa sensacionalista. Aunque la cultura de la violación internaliza la violencia sexual, el sexismo en la sociedad no se discute. Por lo tanto, excepto la de quien no puede ser escuchada, se escucha la voz de todos aquellos que reclaman el derecho a hablar en nombre de las sin voz. Mientras se discute sobre la rehabilitación del violador, no se mencionan los mecanismos que deben operarse para que la mujer violada supere el trauma.

El estado colonial de la cultura de la violación

La cultura de la violación es la principal forma aplicada del Estado-hombre. En el Estado-hombre, el nacionalismo y el sexismo aparecen como dos fenómenos importantes que se alimentan e influyen mutuamente, especialmente durante el desarrollo de las guerras. Se enfatiza el carácter masculino del colonizador/ocupante y el carácter femenino del colonizado/ocupado. Como cultura de guerra militarista, la cultura de la violación es un aparato de masacre y armamento. Se practica como una forma de violencia en las detenciones y en las prisiones. La tierra, la propiedad, las posesiones y las mujeres del enemigo son violadas en grupo. La cultura de la violación expande su forma de dominación feminizando al «otro» y legitimando todas las formas de agresión sexual contra él, tanto durante los procesos de guerra como en períodos en los que la guerra está «relativamente» ausente.

Lo que nos recuerda la campaña “Me Too”

La cultura de la violación existe en todo el mundo; se ve a las mujeres como objetos sexuales, desde su vestimenta hasta sus movimientos y habla; las acciones del agresor se legitiman de diferentes maneras. Los casos de todas las definiciones de cultura de la violación que hemos tratado de describir brevemente sin dar ejemplos, se han asentado en las memorias. Es un fenómeno que todas experimentamos en nuestras vidas, desde las formas más leves hasta las más graves. Esto se debe a que es uno de los fenómenos fundamentales a los que estamos directamente expuestas cada día y que el sistema patriarcal utiliza para institucionalizar su poder-violencia.

En todo el mundo se han llevado a cabo seguimientos serios y luchas de mujeres contra la cultura de la violación, y continúan librándose. Estos seguimientos, que podemos describir como la lucha de la vida contra la muerte, aunque importantes, requieren de búsquedas más radicales y profundas. La campaña «Me Too», que comenzó en Hollywood en 2017 y se extendió mundialmente en poco tiempo, puso de manifiesto la realidad de cómo las mujeres están bajo la amenaza de la violación en el trabajo, en la calle y en la educación.

Acciones de solidaridad con Gisèle

Más recientemente, en 2023, las mujeres se movilizaron por el proceso judicial en Francia, a raíz de que Gisèle Pelicot fuera sistemáticamente violada por hombres invitados por su esposo. En ciudades como Marsella, París, Niza, Rennes y Nantes, cientos de personas, en su mayoría mujeres, salieron a las plazas para apoyar a Gisèle Pelicot. Pelicot se convirtió en un símbolo de la lucha contra la violencia sexual en el país, drogada por su esposo y violada por más de 80 hombres durante 10 años. Una de las organizadoras de sus protestas, Anna Toumazoff, dijo: «Es muy importante estar aquí porque necesitamos hablar sobre la cultura de la violación. Después de siete años de Me Too, sabemos que no hay un tipo especial de víctima. También nos estamos dando cuenta colectivamente de que no hay un tipo especial de violador».

Es necesaria la lucha radical, no la reforma

Estos dos casos han revelado que la violación es ampliamente experimentada por mujeres de todos los segmentos, desde artistas hasta financieras y políticas. Es importante detectar esto y denunciarlo. Sin embargo, el limitar el trabajo únicamente a la denuncia también puede llevar a la conclusión de que «todas lo experimentan, es normal». Estas campañas desarrolladas mundialmente deben necesariamente partir de la dimensión sistémica del acoso-violación como base y llevar a cabo un trabajo dirigido al cambio sistémico fundamental. Con regulaciones a nivel de reforma, lejos de superar esta estructura sistemática, se ofrece un último hálito de vida a un sistema moribundo. El sistema encuentra la oportunidad de organizarse aprovechando esta situación. Por lo tanto, no se puede superar la cultura de la violación sin establecer un sistema de mujeres en cada campo y sin crear un espacio de vida libre. La rebelión de la primera y última colonia también es importante para abolir todas las esclavitudes y hacer surgir las relaciones libres. Esto requiere radicalidad en la perspectiva ideológica, en la organización y en la acción.

Campaña ‘Nuestro honor es nuestra libertad’

Vemos ejemplos destacados de esta acción y organización radical en Kurdistán. En oposición al sistema de valores sociales impregnado por la cultura de la violación en todos los aspectos, la lucha por la Liberación de las Mujeres de Kurdistán lanzó una campaña en 2008 con el lema «No somos el honor de nadie; nuestro honor es nuestra libertad». En una geografía donde las mujeres son asesinadas diariamente en nombre del honor, decir que no somos el honor de nadie, y que nuestro honor es nuestra libertad, fue una rebelión contra cinco mil años de cultura patriarcal. Cuestionar la concepción del honor que ha impregnado la cultura social y ha proporcionado una base para el enfoque posesivo del hombre, era tan peligroso como picar un avispero, y sin embargo, ha sido una importante tradición de lucha. De hecho, no hay posibilidad de que un absceso sane sin drenar el pus. Hubo muchas discusiones dentro y fuera, y fue un comienzo importante para pensar sobre el tema y cuestionar algunos fenómenos tabú. Porque la cultura de la violación se produce y se sostiene en gran medida a través del concepto de honor.

Campaña ‘Superemos la cultura de violación’

Los estudios y discusiones ponen de relieve que, sin superar la cultura de la violación, no se puede abrir el camino para la libertad social y la libertad de las mujeres. Por esta razón, el 8 de marzo de 2010, el Movimiento de Mujeres de Kurdistán lanzó una nueva campaña en el norte de Kurdistán y Turquía, con el lema «Elevemos la lucha por la libertad, superemos la cultura de la violación». El propósito de esta campaña se manifestó como: «Las políticas que se han mantenido durante 5.000 años han ocultado la violación. Inicialmente, las mujeres fueron poseídas, luego los valores sociales democráticos y de libertad fueron tomados y usurpados, y se hicieron todo tipo de reclamación de derechos sobre ellos, en nombre de las tradiciones, la moralidad o la religión. Exponer, revelar y oponerse a esta gran mentira, fraude y cultura de la violación constituida en nombre de las tradiciones y el orden social es un requisito de la conciencia de libertad de las mujeres, así como de la sociedad retomando el poder de sí misma». Aunque estas campañas son procesos simbólicos dirigidos a llamar la atención sobre el tema, muestran lo multifacética y profunda que es la cultura de la violación. La lucha debe continuar y conducirse en todas las dimensiones.

La primera condición del liderazgo es un enfoque programático hacia las relaciones de género

Otra conclusión a la que se ha llegado en esta lucha es que superar la cultura de la violación es también un prerrequisito para construir la vida socialista. De hecho, Öcalan, quien puso la cultura de la violación en la agenda del Movimiento de Mujeres de Kurdistán desde 2007, declaró en su carta a PAJK: «El proceso comunalista democrático es la forma actualizada de la socialidad madre-mujer. La realidad social solo se puede alcanzar con este método. Si no se supera la cultura de la violación impuesta sobre la sociedad matriarcal, la verdad social no puede ser completamente revelada en todas las dimensiones de la filosofía, la ciencia, la ética, la estética y la religión. Mi conclusión final sobre el socialismo es que la primera condición del liderazgo es un enfoque programático hacia las relaciones de género. Posponer esto, reducirlo a necesidades biológicas, psicológicas, o a instintos significa estar privado de significado en la especie humana en general y en la libertad humana en particular. Cuando este vínculo se comprenda firmemente, se tomará el camino correcto respecto a la destrucción ecológica, la desigualdad social y la libertad individual».

La solución es una revolución de mujeres consciente y organizada

Cada día experimentamos la determinación de la hegemonía patriarcal de aplastar y destruir cualquier cosa que represente un peligro para ella, mientras busca fortalecerse militar y políticamente en este proceso de la Tercera Guerra Mundial. Se busca imponer sumisión y esclavitud sobre cualquier cosa que pueda ser una alternativa, incluyendo a las mujeres. Es esencial para toda la humanidad que las mujeres logren prevenir la cultura de la violación con un enfoque sabio, significativo y maduro mientras desarrollan su propio sistema democrático. Solo de esta manera será posible que las mujeres se conviertan en un poder social, económico, político, cultural y ecológico, que tengan voz sobre ellas mismas y desarrollen su voluntad, que se puedan defender a sí mismas, y que sean una alternativa de solución para todos los problemas sociales. En esta era en la que vivimos -el mundo actual, con discusiones intensas sobre democracia social y libertad- ningún poder o autoridad debería esperar que las mujeres se rindan y se sometan a una posición de víctima sin que esto provoque su respuesta. Como todo ser que vive en la naturaleza, las mujeres también tienen el derecho a defenderse y proteger su existencia. Las primera y segunda rupturas de género trataron de condenar a las mujeres a una esclavitud profunda, producto de códigos mentales dominados por hombres que institucionalizaron la cultura de la violación. Ahora, la tercera ruptura de género, que se desarrollará a favor de las mujeres, tiene el potencial de hacer que el río que la civilización ha invertido, fluya de vuelta a su propio cauce. Ningún hombre y ningún sistema puede desarrollar una explotación contra una mujer equipada con armas intelectuales, culturales y económicas y que se defiende a sí misma. Como resultado de todo esto, los valores de vida libre para las mujeres, transformar y liberar la sociedad sexista, y desarrollar un renacimiento social actual, son necesidades indispensables para la sociedad y las mujeres. Partiendo del principio de que una mujer libre y fuerte permite una sociedad libre y fuerte, es posible alcanzar la realidad de construir una nueva sociedad con una mujer consciente, libre, y una mujer organizada. Esta realidad se convierte en la revolución de las mujeres misma. Con esta revolución, cada mujer que se ha vuelto consciente, organizada y ha ganado el poder de acción es el mayor golpe a la cultura de la violación.

Bibliografía

Öcalan, Abdullah. Modernidad capitalista y mujeres. Años 2000.

Pelicot, Gisèle. Casos de violación en Francia y la lucha de las mujeres contra la violencia sexual.

Foucault, Michel. Disciplinar y castigar: Poder y género en las sociedades modernas.

Smith, Andrea. Movimiento de mujeres kurdas y lucha social.

Zeynep Yeşil – Modernidad democrática

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