Resistieron, porque proteger era una característica de las diosas

Con la Revolución de Rojava, la cultura de la diosa, que recuperó fuerza nuevamente, y la identidad de la mujer, que lidera a la sociedad, se han convertido en una fuerza que se opone a la mentalidad asesina de casta.

Edûlê Karadeniz

Así como la luna conserva hasta hoy cada golpe recibido en su superficie y ha mantenido sus huellas, las huellas de la historia también han encontrado siempre un lugar en la memoria humana y han llevado sus marcas hasta el presente. La historia es una cadena de acontecimientos vividos, no son historias que nos narran el tiempo pasado. No es solo el tiempo que transcurre, sino también el puente entre el pasado, el hoy y el mañana. Para poder pertenecer a la historia, necesitamos reivindicar y proteger lo que nos pertenece. Este proceso, en la lucha por la propia identidad y existencia, junto con la conciencia histórica, nos invita aún más a ser nosotras mismas y a proteger lo que nos pertenece frente a todos los argumentos de guerra especial.

Antes de comenzar este escrito pensé mucho y me dije a mí misma: las líneas que separan la verdad de la realidad, aunque finas y transparentes, siempre han logrado mantener su nitidez. Por eso mirar no siempre equivale a ver; miramos y creemos que vemos. Mientras que para mirar es suficiente con tener ojos, para ver es necesario tener una memoria, una memoria histórica y miradas que cuestionen; porque todo conocimiento comienza con el cuestionamiento. Una fuente correcta y un fundamento sólido llevan a la persona a la verdad. Mientras que las realidades pueden ser distorsionadas o invertidas, la verdad no permanece en la sombra y expresa su claridad abiertamente. Estas tierras han albergado esta búsqueda durante miles de años.

Hoy, ante los ojos de todo el mundo, el pueblo kurdo que vive en los barrios de Shexmeqsud y Ashrafiye ha sufrido una vez más un genocidio. Estos barrios, monumentos de resistencia, han permanecido firmes como fortalezas durante 14 años de resistencia, y este espíritu de resistencia ha quedado grabado en todas sus calles. Hoy, atacados nuevamente, han mostrado la misma determinación con ese espíritu y conciencia. Ziyad Halep, el Lepzêrin (1) del siglo XXI, junto con las fuerzas de defensa que lo acompañaban, han convertido dos pequeños barrios en el Castillo de Dimdim (2) y los han defendido resistiendo hasta su último aliento.

Las estrategias y planes desarrollados por los asesinos de casta (3) han sido esta vez multidimensionales y profundos. En la epopeya de Enuma Elish (4), muy conocida también en nuestros días, se narra cómo la sabiduría de los 104 Me, robados a la diosa, se transformó en un monstruo; la cultura de la diosa fue convertida en un monstruo; y se produjo la traición del hijo. Más allá de esto, en la batalla entre Tiamat y Marduk, estos nombres representan en realidad más que dos nombres: representan la sociedad de la diosa madre que resiste y al asesino de casta. Del mismo modo, quienes han resistido en Shexmeqsud y Ashrafiye eran descendientes de Tiamat. Resistieron; porque proteger era una característica de las diosas. Estos guerreros, herederos de la cultura de la diosa, como continuadores de la tradición de resistencia, han luchado con espíritu de sacrificio y ocupan el lugar más elevado en la memoria de la sociedad.

Hoy, como hace 3200 años, los saqueos, robos, violaciones, políticas de deportación y genocidios masivos, son productos de la misma mentalidad. Los asesinos de casta ya no pueden engañar a las sociedades, que han creado su propia autodefensa y organización, con su falsa comprensión de la historia y sus discursos, ni con las operaciones de engaño que han creado. Con la Revolución de Rojava, la cultura de la diosa, que recuperó fuerza nuevamente, y la identidad de la mujer, que lidera a la sociedad, se han convertido en una fuerza que se opone a la mentalidad asesina. Por esta razón, las mujeres son el objetivo de los ataques. Como todo el mundo sabe, en los enfrentamientos vividos en Shexmeqsud, cuando arrojaron desde un tercer piso el cuerpo sin vida de una joven de las fuerzas de seguridad interna de Alepo, lo que cayó fueron las propias máscaras de las fuerzas yihadistas que representan al asesino de casta. Lo que se elevó fueron los valores sagrados de la sociedad encarnados en las mujeres combatientes de este pueblo que se refugia en las raíces de su fe diciendo «Ya Star».

Es un hecho que la historia no es un progreso lineal, sino un ciclo de vida que mantiene su interconexión y se teje por manos de mujeres. Mientras la mentalidad dominante del asesino de casta que se centra en sí mismo con su «yo existo, yo creo, yo gano» es relegada a los estantes polvorientos de la historia, lo que no olvidaremos ni permitiremos que se olvide será la resistencia de 300 combatientes, que se narrará de boca a boca durante otros 3000 años, y la insistente resistencia de la asamblea de mujeres. Hoy, la máscara de quienes quieren ocultar su identidad de asesino de casta, está cayendo, y el nombre de la luz que se refleja en las grietas sobre el terreno del sistema capitalista, la era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos, es el Manifiesto de la Sociedad Democrática. No es una casualidad que esto continúe bajo el liderazgo de las mujeres, en las tierras donde nació la cultura de la diosa; es una prueba de que estas venas aún están vivas sobre estas tierras.

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1 y 2. Emir Jan Lepzerin desempeña un papel importante en la historia de Kurdistán. Se dio a conocer por su papel en la resistencia contra el Imperio Safávida bajo el Sha Abbas I a principios del siglo XVII. Se dice que Lepzerin y sus aliados defendieron con sus vidas la fortaleza de Dimdim (kela dimdim) hasta el final.

3. «Asesinos de casta» es un concepto que Abdullah Öcalan acuña en el Manifiesto por la Paz y una Sociedad Democrática. Con él designa una forma de poder, estructura de dominación patriarcal y mentalidad que se fundamenta en la destrucción y aniquilación de la sociedad libre y comunal.

4. Poema épico babilónico de la creación.

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